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Harley Quinn: Breaking Glass – Ángeles y demonios en Gotham

Mariko Tamaki y Steve Pugh nos traen Harley Quinn: Breaking Glass, un origen alternativo para la payasa criminal de DC Comics.

Tiempo de lectura: 5 minutos

Escrito por Fer el 08/01/2021
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Cuando DC crea un nuevo superhéroe o villano para sus cómics, es probable que esperen que se trate de un nuevo favorito del público (después de todo, ya tienen un buen historial al respecto y una popularidad que rivaliza solo con la de Marvel). Este no fue el caso de Harley Quinn.

Sorprendiendo a la compañía, el personaje secundario nacido en Batman: The Animated Series se volvió el nuevo fan-favorite. Desde ese momento, ha protagonizado cómics en solitario, aparecido en varios crossovers y hasta películas hay dedicadas a la arlequín. Su origen ha ido mutando con el tiempo; cada obra define mejor a la doctora Harleen Quinzel.

Harley Quinn: Breaking Glass, del año 2019, es el aporte de Mariko Tamaki a la historia de la villana que el tiempo ha convertido en algo más parecido a un antihéroe. Ilustrado por Steve Pugh, este cómic no canónico nos muestra a una Harley de quince años recién llegada a Gotham que tendrá que enfrentarse a un enemigo indestructible: la familia Kane.

El difícil camino de la adolescencia

Harley Quinzel llegó con cinco dólares en su bolsillo a Gotham, donde tendrá que vivir con su abuela mientras que su mamá trabaja en un crucero. La mala noticia es que su abuela está muerta. La buena es que Mama, cuyo nombre real es Benny, la recibe para que viva junto a su familia: las drag queens más escandalosas de la ciudad.

¿La trampa? No hay. Bueno, sí existe una condición: Harley tiene que ir a la escuela.

Así, Harley Quinn: Breaking Glass se presenta a sí mismo como un cómic que habla sobre las dificultades de crecer, especialmente en un ambiente nuevo. El club drag de Mama se convierte en un hogar, las reinas transformistas en su familia y Ivy, una joven directa y fuerte de carácter, en su mejor y única amiga. La hostilidad que recibe siempre es externa y siempre de poderes superiores.

Pero los “poderes” de los Kane no son extraordinarios. Como una de las familias más ricas de Gotham, comienzan a comprar todos los edificios del barrio de Harley, o bien a obtenerlos por medios más inescrupulosos. Suben la renta de Mama hasta hacerla impagable, amenazan el jardín comunitario de la familia de Ivy. Incluso su hijo ejerce poder en la escuela, dominando el club de cine.

Es una eterna lucha entre los pobres y los ricos en la que los primeros siempre tienen las de perder. Si hay superhéroes y supervillanos entremedio es totalmente indiferente, porque ellos no ayudan a pagar las cuentas; aquí solo hay héroes y villanos normales, dispuestos a pelear contra un mundo injusto que los consume (o beneficia) desde su nacimiento.   

Íconos y metáforas fáciles de entender

Los íconos son, casi siempre, payasos o arlequines. Su presencia va aumentando a medida que el cómic avanza, trayendo consigo una sensación de extrañeza al inicio y un desorden absoluto, pero ya familiar al final. No es algo profundo ni rebuscado, pero es clásico y da gusto notarlo.

Lo mismo pasa con los colores, Harley Quinn: Breaking Glass ocupa solo diferentes sombras de azul, rojo y un poco, muy poco, de verde.  El último capítulo de los nueve que conforman la historieta sí está a color, por una razón relacionada directamente con la narrativa, pero la paleta reducida ya nos ha enseñado a relacionar el rojo con el caos y el verde con Ivy, por ejemplo.

El guión es divertido y liviano, narrado por su protagonista. Los sinsentidos de Harley se convierten en metáforas que explican detalles en los que se fijaría una adolescente inmadura, pero cuando llega el momento de entregar un mensaje que considera importante, lo hace de forma directa… a su manera, pero directa al fin y al cabo.

Por todo esto, Breaking Glass tiene una dualidad importante. Es una obra que habla directamente a lectores con la edad de Harley, porque desde el inicio hasta el final y pasando por la forma misma del cómic, busca empatizar con adolescentes. Dicho eso, también es excelente como novela gráfica para cualquier adulto que desee disfrutar algo ligero, ya sea que conozca al personaje de antemano o quiera probar algo nuevo.

Opinión personal: ángeles, demonios y arlequines

La única metáfora que Harley repite que no proviene de su propia imaginación sin límites, es la de los ángeles y los demonios. ¿Es posible realmente dividir tan categóricamente a las personas? ¿Qué pasa con quienes están en medio de ambos? Pues tienen que hacerse un lugar en el mundo a la fuerza.

A veces, esa fuerza viene en forma de un sobrenombre dado por las drag queens con las que vives y el traje de payaso que te haces tú misma. El mundo no es tan categórico; hay personas que son diablos y otras que son ángeles, pero también hay espacio para los otros. Harley es un arlequín en medio de tantos halos y tridentes, pero es feliz y está dispuesta a luchar por lo que cree.

Ojalá que más gente leyera Harley Quinn: Breaking Glass, pero especialmente los adolescentes que sienten que no encajan o que no vale la pena pelear por un mundo que solo les enseña indiferencia. Siempre va a valer la pena, tienen voces que merecen ser escuchadas.

Una linda moraleja de un lindo cómic que, aunque jamás podría funcionar como origen canónico de Harley Quinn, sí es entretenido, ampliamente recomendable y, por si fuera poco, fácil de conseguir tanto en internet como en tienda.

EVALUACIÓN

Me hubiera gustado más de haberlo leído siendo adolescente (¡probablemente le hubiera puesto un 10!), pero no se puede negar que es un cómic muy bueno. Tamaki y Pugh hacen una excelente combinación.
8/10
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Sobre Fer

Rolera, lectora, amante de los gatitos y estudiante de pedagogía en castellano en la USACH.

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