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Nuevos valores en Star Wars para el siglo XXI. Parte I: La Fuerza como poder curativo

Star Wars continúa su expansión, pero ¿logrará conciliar las exigencias de sus seguidores más acérrimos con las nuevas sensibilidades del siglo XXI?

Tiempo de lectura: 8 minutos

Escrito por Orin el 04/05/2020
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El día 30 de octubre de 2012 marcó un hito trascendental en la historia de Star Wars, una de las franquicias hollywoodenses –y de la cultura popular en general– más apreciada por las y los amantes de las aventuras de ciencia ficción. Ese día, The Walt Disney Company compró Lucasfilm Ltd. y con ello trazó el futuro de la saga con nuevos proyectos fílmicos que contemplaron una trilogía de películas post Return of The Jedi (1983), una serie de spin-offs (tanto en cine como en televisión) y la publicación de cómics a cargo de Marvel, otra de las recientes adquisiciones del gigante Disney.

El año pasado fuimos testigos del cierre de la nueva trilogía con el Episodio IX: The Rise of Skywalker (2019) y, a su vez, The Mandalorian (2019) dio inicio a otra expansión de la saga en el formato serie de televisión. No obstante el intenso trabajo de salvataje que realizó Disney para una franquicia debilitada tras las precuelas a la trilogía original, las producciones actuales han mostrado una dispar recepción por parte de los fans. ¿A qué se debe eso? ¿Será que debemos ajustar nuestros parámetros para juzgar la propuesta que Star Wars proyecta para el siglo XXI?

Desde el debut de Episodio IV: A New Hope en 1977, Star Wars tuvo en éxito indiscutido a nivel mundial. Y si alguna vez hubo alguna objeción al respecto, no provenía desde los fanáticos directos, sino que desde sus “rivales naturales”: los seguidores de Star Trek, serie de TV emitida a partir de 1966. Hoy el escenario ha cambiado bastante. La propuesta de Disney para la franquicia no ha tenido la recepción esperada y son muchos los argumentos que intentan explicar la división de la fanaticada.

En este artículo no pretendo –al menos en primera instancia– tratar de dilucidar dicho fenómeno; por el contrario, quisiera ensayar una hipótesis de análisis para esclarecer qué es lo que diferencia al Star Wars de la segunda década del actual siglo con el Star Wars original de fines del siglo XX.

Mi planteamiento es el siguiente: desde el Episodio VII: The Force Awakens (2015), la franquicia Star Wars entrega nuevos valores a través de sus personajes, inusitados para el fanático original, sin embargo afines a las generaciones nacidas en el presente siglo. Veamos qué significa esto.

Comencemos con lo evidente. El Episodio VII nos presenta a una mujer como protagonista, Rey, marcando así un contrapunto con las trilogías anteriores que tuvieron –en orden cronológico para la saga– a Anakin Skywalker y a su hijo Luke Skywalker como personajes principales. (Sí, ¡Luke es hijo de Darth Vader! Primer spoiler).

Sin embargo, Rey no se diferencia de sus antecesores solamente por su género, sino que lo hace principalmente por su insólita relación con la Fuerza, un vínculo que devela nuevas características para la comprensión de esta energía de la naturaleza, que dota de poder sobrenatural tanto a caballeros Jedi como a Sith, los miembros del Lado Oscuro de la Fuerza.

¿Qué hay de nuevo en Rey? Pues la Fuerza en ella se manifiesta fundamentalmente como facultad de entendimiento emocional para con el otro. Al igual como Luke “salva” a su padre de las garras del Lado Oscuro de la Fuerza no sólo venciéndolo en combate, sino germinando la semilla de bondad que aún residía en su interior; Rey, por su parte, tiende una mano de esperanza a Kylo Ren (el autodenominado sucesor de Darth Vader), consiguiendo llegar a Ben Solo (hijo de Leia y Han Solo, también discípulo de Luke), permitiendo que éste alcance su redención final.

[…] no es lo Otro lo que, al definirse como Otro, define lo Uno, sino que es planteado como Otro por lo Uno, al plantearse éste como Uno. Mas, para que no se produzca el retorno de lo Otro a lo Uno, es preciso que lo Otro se someta a este punto de vista extraño (De Beauvoir, El segundo sexo, 1949).

Pero lo novedoso radica en que, en Rey, la Fuerza se manifiesta como un poder curativo que, a la vez, puede sanar a nivel espiritual y físico. Para comprender esto último, recordemos una escena del Episodio IX: tras una batalla con soldados imperiales en el planeta Passanna, nuestra protagonista, Chewbacca, Finn, Poe Dameron y compañía, caen a una fosa subterránea, madriguera de una especie de serpiente gigante –que recuerda al mítico monstruo que habitaba la mansión del primer Resident Evil–.

Los intrusos son acechados por el animal y, mientras los varones se disponen a atacar, Rey por el contrario se desprende de su sable láser, se acerca cautelosamente a la serpiente e instintivamente descubre que está herida; la Jedi posa su mano sobre la lesión y, gracias a la Fuerza, cura al animal. A través de este acto se produce un entendimiento entre la afligida y la curandera, que evidencia la innecesaridad de la violencia, tras lo que la serpiente se retira sin mediar enfrentamiento.

Podemos quedarnos con que ahora la Fuerza cura, sí, pero también es posible profundizar la interpretación. La escritora e intelectual Simone de Beauvoir (1908-1986), en su célebre obra El segundo sexo (1949), reflexiona sobre el lugar de la mujer en la sociedad patriarcal de mediados del siglo pasado. Allí plantea una interesante teoría sobre lo femenino entendido como otredad: según la autora, durante siglos el hombre ha planteado a la mujer como un Otro extraño, impidiendo que ellas se conciban como un Uno legítimo, posibilitado por el sometimiento a la extrañeza aun de sí mismas.

Creo que podemos aplicar la teoría de De Beauvoir al “nuevo” Star Wars, incluso apartándose de un análisis de género. El acto de Rey no sólo tiene que ver con la curación de una herida, sino que principalmente se trata de la comprensión del Otro; de una predisposición a desnudar las aflicciones del Otro antes de juzgarlo como tal, para así entenderlo como un Uno legítimo y liberado del estigma de extrañeza. De esta forma, vislumbramos que el conflicto puede superarse a través del diálogo y prescindir del enfrentamiento.

Y ese es un nuevo valor que las anteriores trilogías de Star Wars sólo habían esbozado pero jamás desarrollado. (Recordemos que el gran fracaso de Obi-Wan Kenobi fue ser incapaz de impedir que Anakin fuese tentado por el Lado Oscuro, y quizás –me veo tentado a sugerir– se debió a su inhabilidad para desarrollar un vínculo con la Fuerza semejante al de Rey).

–Yoda: Sí, la fortaleza del Jedi fluye de la Fuerza. Pero cuídate del Lado Oscuro: ira, temor, agresión, del Lado Oscuro son. Fácil fluyen rápido a unírsete en combate. Luke: ¿El Lado Oscuro es más fuerte? –Yoda: ¡No! No, no. Rápido. Fácil. Más seductor.

El Star Wars para las generaciones del siglo XXI supera el trasnochado binomio héroe-villano y propone que la disputa entre antagonistas no radica en la mera designación de “buenos” y “malos”, sino que en el esclarecimiento de los motivos y turbaciones internas.

Sin embargo, para ser justos, una comprensión semejante del poder del lado luminoso de la Fuerza siempre estuvo implícita en la trilogía original. No debemos desconocer que las enseñanzas de Yoda siempre tendieron hacia esa dirección. En el Episodio V: The Empires Strikes Back (1980), en el entrenamiento que tiene lugar en el planeta Dagobah, una de las enseñanzas que el anciano maestro entrega a Luke sentencia: “su Fuerza el Jedi usa para sabiduría y defensa, nunca para atacar”. Mas, el contexto bélico en que se desarrolla la formación de Skywalker, no pudo conducirlo a otro destino que el combate.

Pero no todo está perdido para la espiritualidad que el maestro Yoda profesaba, pues actualmente uno de sus parientes no lo está haciendo nada de mal en ese respecto. La genial serie The Mandalorian –a la que volveré en la segunda parte de este artículo– introdujo a un personaje que se ha convertido en foco de intriga y atractivo. Me refiero, por supuesto, a The kid, más conocido como Baby Yoda.

Tan sólo repararé en que, además de manifestar un control enorme de la Fuerza en términos ofensivos, la principal característica de Baby Yoda es su capacidad de curar heridas en otros, tal cual lo hace Rey. ¿Será esta la razón por la que es tan valioso para los remanentes del Imperio? Eso está por verse. Pero lo cierto es que vendrán nuevas temporadas para la serie, en las que tendremos la oportunidad de atestiguar cómo se desarrolla esta nueva facultad de la Fuerza.

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Sobre Orin

Licenciado y magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Amante del arte, la literatura, de la escritura ensayística y de investigación, del cómic, los videojuegos y la cultura pop en general. Panelista del podcast Modo Versus, programa de conversación sobre cultura pop al ritmo de los clásicos videojuegos de peleas.

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