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Herbert West, carne fresca: la historia de un reanimador

Luciano Saracino y Rodrigo López adaptan con éxito a H. P. Lovecraft al cómic en Herbert West, Carne Fresca.

Tiempo de lectura: 8 minutos

Escrito por Ktlean el 04/12/2020
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H. P. Lovecraft es, sin duda, uno de los autores más influyentes en el género del terror. Más allá de los gustos de cada lector o de los problemas éticos y morales que pueden acarrear sus textos según la perspectiva actual, el autor originario de Providence y sus creaciones repercuten hasta el día de hoy.

Dicha influencia no se remite solamente a la literatura, donde otros escritores se basan en sus cuentos para escribir (un claro ejemplo de esto, además de local, es el autor Gilberto Villarroel y sus libros sobre Lord Cochrane), sino también a otros medios o formatos.

Eso sí, el cine (al menos el de ambiente más mainstream) siempre ha sido algo esquivo con Lovecraft. Algunos explican esto con la enrevesada y atmosférica prosa del autor, lo que volvería muy complejo llevar sus ficciones a la pantalla. Pero incluso si no llevan los títulos de sus relatos o la referencia no es explicitada en los créditos, hay muchas películas que tienen un claro aire lovecraftiano.

Lo mismo sucede en el universo de la historieta. Desde adaptaciones directas de Los Mitos de Cthulhu (como el de Alberto Breccia), o las referencias ineludibles que repletan las historias de Mike Mignola, e incluso un cómic que ilustra la niñez del autor (El joven Lovecraft, de José Oliver y Bartolo Torres), Howard Phillips es una influencia inagotable para los artistas de la narración secuencial.

Chile no se queda atrás respecto a esto. Durante la primera mitad del 2020, por ejemplo, el autor Martín Cáceres publicó Leviatán, una novela gráfica que cumple la doble función de ser un homenaje a Lovecraft y ampliar el universo de la Metahulla, creada originalmente por Francisco Ortega.

Pero antes de Leviatán, llegó otra adaptación, sacada de un cuento mucho más discreto, pero no por ello menos reconocido de Lovecraft: Herbert West: reanimador.

Disponible en las tiendas Shazam Cómics

Publicado en Chile por Rayo Ediciones, con guion de Luciano Saracino y dibujos de Rodrigo López, Herbert West, carne fresca, es una obra que sin duda hay que leer si se quiere ver qué tan bien luce una historia del creador de Cthulhu en viñetas.

La búsqueda de Herbert West

Explorar la zona oscura de la ciencia era algo que debía traer de cabeza a los escritores de los siglos XIX y XX. Eso explicaría el nacimiento de Víctor Frankenstein, Jekyll, Griffin y el Doctor Moreau. Eso explicaría también que, entre los muchos personajes salidos de la mente de Lovecraft, estuviera Herbert West.

Estudiante de medicina en la Universidad de Miskatonic, en Arkham, y obsesionado con la reanimación de cadáveres, el joven West es uno más de los que engrosan la lista de científicos locos de la literatura.

El narrador de su historia, además de compañero, lo describe de la siguiente forma: delgado, rubio, con anteojos y un talento que excede al de sus pares. Los otros aspectos de su carácter salen a relucir poco a poco con cada hecho vivido. Todo en lo que podría calificarse muy bien como una «escalada al infierno».

Eso pasa cuando se juega con la vida y la muerte, que es lo que se propone West desde el principio. De pensamiento materialista e incrédulo respecto a la existencia del alma y de algún tipo de «más allá», lo que desea es encontrar la fórmula necesaria para traer a los fallecidos otra vez a la vida. Pero sus teorías le valen el desprecio de sus pares, profesores e incluso del decano de la universidad. Todos le dan la espalda, excepto uno: un personaje que en el cuento de Lovecraft no tiene nombre, pero que en el cómic conocemos como Greg.

A pesar de los obstáculos, Herbert West, apoyado por Greg, continúa en su empeño, en el que se sucede fracaso tras fracaso. El médico lo explica con una frase que se terminará transformando en una especie de mantra: «no estaba lo suficientemente fresco».

Así, lo que comienza con experimentación en animales y luego con cuerpos sacados de tumbas, finaliza con muertes ocurridas nada menos que en el recibidor de la consulta de los científicos. Qué conveniente.

Pero aunque cueste creerlo, eso ni siquiera es lo peor. Al parecer, los sucesivos intentos por devolver muertos a la vida no fueron tan infructuosos. Al menos, sí cumplieron con el objetivo esencial. El problema es que los «reanimados» no son seres pensantes y mansas, sino un peligro que West desató sobre la gente. Sin sentir el menor remordimiento, dicho sea de paso.

Terco, obsesivo, inmoral. Herbert West no es el tipo de persona que conviene tener cerca. Aun así, Greg (o el narrador sin nombre en el cuento de Lovecraft) lo acompaña sin apenas rechistar hasta su ignominioso final.

La conjunción de guion y dibujo

No importa si se lee primero el cuento o el cómic; no es muy difícil notar que existen pequeñas diferencias entre uno y otro. Casi todas las que existen, además, pueden achacarse a la distancia entre cada formato, o a la oportunidad de borrar ciertos detalles en el texto de Lovecraft que tienen relación con la forma en que este publicó la obra original.

No hay que olvidar que, en su época, los autores casi siempre publicaban historias seriadas, las que se publicaban en revistas durante períodos que podían abarcar meses o años. En el caso de Herbert West: reanimador, la publicación de las seis partes ocurrió entre 1921 y 1922. Estos cortes en la estructura total se notan especialmente en los inicios de cada capítulo, donde el narrador vuelve a contar cosas que ya sabemos (descripción física de Herbert West, resumen de los capítulos anteriores, etc.).

El cómic no tiene por qué hacer esto. Sabiendo que por su extensión es posible que el lector lo disfrute en un breve período de tiempo, quita toda la paja del relato de Lovecraft y mantiene una fluidez constante.

Otro aspecto donde la versión en viñetas muestra una mayor amplitud es en el propio narrador. En este se mantiene el relato de parte del compañero de Herbert, pero por fin es posible verlo. Greg es sin lugar a dudas parte del relato, no un simple espectador. Más aún, conocemos su nombre de la boca del propio West, ya que Saracino debe crear diálogos a partir de la narración constante de H. P. Lovecraft.

¿Qué sucede con el dibujo? Pues que está a cargo de Rodrigo López, cuyo característico estilo posee la estética perfecta para un relato siniestro y escabroso. Con una línea que va desde el aparente boceto al detallismo más sombrío, el dibujo no tiene miedo a ilustrar lo que muestra y lo que omite el cuento original.

En el cómic se deja de lado el puritanismo de Lovecraft. Tampoco se limita a simplemente poner en boca del narrador las escenas más siniestras. Acá lo vemos todo: las fosas comunes donde van a parar los cuerpos, el real libertinaje de algunos personajes, las expresiones de horror de los reanimados. Incluso, y a pesar de los cristales opacos que cubren los ojos de Herbert West, nos parece ver su maldad cuando pronuncia la frase: «no estaba lo suficientemente fresco».

Últimas palabras

Herbert West, carne fresca es una excelente muestra de lo que puede llegar a ser una buena adaptación. Atrapante y escabrosa, tanto por su guion como por el dibujo (que por su expresividad no nos hace extrañar el color), es una lectura a la que uno desea volver más de una vez.

Si ya se es lector de Lovecraft, es posible que leerlo genere satisfacción. Si, por el contrario, aún nos falta explorar los relatos del autor norteamericano, este cómic será una buena invitación a conocer sus perturbadas creaciones.

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Sobre Ktlean

Leo demasiado y de a varios libros al mismo tiempo. También escribo historias de fantasmas y gente que sueña con ser detective, las que publico en Wattpad para sentir que me leen.