Inicio » Noticias » Zona Oriental » Anime » El tutelaje en Dragon Ball: la clave de la evolución saiyajin. Parte II

El tutelaje en Dragon Ball: la clave de la evolución saiyajin. Parte II

¿Es deber de un hijo cumplir con un destino trazado por otros? ¿Puede el tutelaje congeniar los intereses personales con las expectativas de un guerrero?

Tiempo de lectura: 8 minutos

Escrito por Orin el 16/06/2020
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas
¡Hey, tú! Evalúa esta nota para seguir mejorando ♥
Cargando...

En necesario comenzar esta segunda parte con un “fe de errata”. Con tal de aclarar el asunto del artículo, la bajada al título formula la pregunta ¿Qué hay tras los personajes súper poderosos de Dragon Ball?, pero es impreciso hablar de “súper poder” en la obra de Akira Toriyama y en general en cualquier creación oriental. Uno de los aspectos más importantes que diferencia a un manga de un cómic de superhéroes, es que las y los personajes orientales no adquieren fortuitamente alguna clase de poder, sino que estudian, practican y desarrollan técnicas.

Por lo general, en el manga las habilidades no surgen del azar, sino del entrenamiento. Ya sea para convertirse en la/el más grande artista marcial, hechicera(o), deportista, etc., siempre el éxito está mediado por el esfuerzo y la disciplina –a diferencia de un chico picado casualmente por una araña radioactiva y que a la mañana siguiente se convierte en un asombroso vecino súper poderoso–.

Por habitual y obvia que sea la referencia a la usual designación griega de artesanía y arte con la misma palabra tecné, es, sin embargo, equivocada y superficial, porque tecné […] nunca significa en general una especie de ejecución práctica, sino que nombra, más bien, una especie de saber. Martin Heidegger, El origen de la obra de arte, 1952.

Y es que el manga pone en obra un arte, y todo arte está mediado por el aprendizaje de una técnica. En términos generales, aquí, el azar opera de forma distinta respecto de los cómics; podríamos decir que conduce a los personajes a un aprendizaje, pero no los define, como por ejemplo, el golpe en la cabeza que sufrió Goku al llegar a la Tierra y que cambió su destino.

No obstante, lo que convirtió al saiyajin en el artista marcial que es, fue el perfeccionamiento de técnicas de combate, el riguroso desarrollo de ese saber hacer que deviene arte y sabiduría. Y, como todo arte, el saber se traspasa de maestro a discípulo. Desde este punto de vista es que continuaremos analizando a los personajes de Dragon Ball.

Piccolo o la voluntad nameku del maestro

Un maestro nunca regala la verdad; es un guía, un indicador de la verdad que cada estudiante debe encontrar en sí mismo. Bruce Lee, El Tao del Jeet Kune Do, 1975.

Cualquiera podría pensar que la disposición de tutor de Piccolo –o Pikkoro, para los que crecieron con el doblaje latino– surgió al fusionarse con Kami-Sama, su contraparte “benigna”. Pero eso no es así. Aquel desinteresado ímpetu se inaugura con la saga Dragon Ball Z, en esa inesperada decisión de entrenar a Gohan tras la muerte de Goku en la batalla contra Raditz, hermano mayor del protagonista.

Resulta un misterio las razones que llevaron a Piccolo a entrenar al hijo del que era su archienemigo en aquel entonces. ¿Fue producto de la amenaza que significaba la inminente llegada de Vegeta y Nappa? ¿Se trató de un plan maquiavélico para hacerse de un aliado poderoso con quien conquistar la Tierra luego de la derrota de los saiyajines? ¿O simplemente el nameku se vio reflejado en el desamparado e indefenso Gohan?

Antes de abandonar a su suerte al pequeño, el mismo Piccolo expresa una sentencia radical que indica que la respuesta se halla en la tercera opción:

¡Si quieres odiarme debes empezar por odiar tu destino, así como lo hago yo! –Piccolo

Para comprender aquellas palabras debemos recordar que Piccolo se formó a sí mismo en condiciones semejantes a las que impone a Gohan. Luego de que Goku niño venciera al malvado Píkoro Daimakú, éste, en un último esfuerzo por preservar a su raza y sus planes de conquista, vomita un huevo que contiene a su “hijo”, Piccolo.

El infante, huérfano y extranjero, debió sobrevivir y prepararse en soledad para enfrentar a Goku, el asesino de su padre, y cumplir con su destino. Estos hechos marcaron su carácter y potenciaron su predestinación maligna. Pero leídos a la luz de la cita, pareciera ser que aquellos hechos son precisamente los que odia: Piccolo detesta su historia, odia haber nacido con un propósito ya escrito por otro. Ese es el trasfondo de su maldad primigenia.

Gohan, entonces, lo devuelve a su esencia bondadosa, lo redime. Es cierto que su ascendencia maligna proviene de las turbulencias internas de Kami-Sama, pero podríamos interpretar ese “lado oscuro” del primer nameku en la Tierra como las frustraciones propias de un ser en formación, desprovisto de cualquier red de contención.

Tras conocer a los habitantes del planeta Namek en la saga de Freezer, podemos corroborar que la maldad no es parte de su cultura y que un Píkoro Daimakú no tiene cabida. Por tanto, la maldad originaria de Piccolo no es real. Por el contrario, la sabiduría adquirida en su infancia y la voluntad espontánea de entrenar a Gohan, instintivamente lo conducen a desarrollar su labor como maestro.

Las posteriores fusiones con el guerrero nemeku Nail y con el mismo Kami-Sama, además de hacerlo más fuerte, al punto de superar con creces el poder de un super saiyajin fase 1, lo vuelven más sabio. Al igual que el Gran patriarca de Namek, Piccolo será capaz de detectar el poder potencial de los guerreros y desarrollar metodologías de entrenamiento que permitan hacer emerger habilidades dormidas.

Parafraseando al artista marcial y actor de cine Bruce Lee (1940-1973), Piccolo enseñará a Gohan a encontrar su “propia verdad” en las artes marciales, una que está alejada de la furia desatada útil a sus coterráneos. Al entrenar a Gohan, Piccolo demuestra que ser maestro no tiene que ver con ser más fuerte que los discípulos, sino que es un oficio basado en la observación, en el autoconocimiento, en la disciplina, en la intuición capaz de percibir el potencial ajeno.

Las diversas formas de ser saiyajin: Gohan

Para muchos, Gohan debería ostentar el título del saiyajin más poderoso. El imprevisto y explosivo poder de pelea manifestado a corta edad y esa primera impresión del mestizaje como garante de inusitada fuerza propuesta por Vegeta, acreditaban tal rótulo. Pero, ¿el hijo de Goku desea ese título?

La respuesta es no. Desde pequeño, desde que fue raptado por su “tío” Raditz, Gohan ha dejado claro que ser guerrero no está dentro de sus prioridades. Convertirse en “un gran investigador” fue su sueño y, gracias a la implacable voluntad de su madre Chi-Chi (más conocida como Milk), se vuelve realidad en su adultez. –De hecho, ver a Gohan cumplir su sueño como académico universitario, es uno de los detalles bellos de Dragon Ball Super–.

Pero, ya que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, Gohan no ha podido hacerle el quite al enfrentamiento. Si bien, a él se le debe la destrucción del androide Cell, su vida ha estado tramada por el conflicto entre sus dotes de guerrero y sus verdaderos intereses, por lo que siempre ha necesitado la guía de un maestro.

En ese sentido, Piccolo ha sido una figura fundamental en su vida. De niño, le enseñó a sobrevivir por sus propios medios y, al igual que el solitario nameku, Gohan tuvo que aprender a conocerse, a descubrir sus fortalezas y debilidades en un ambiente hostil y bajo la presión de cumplir con un deber trascendental, designado por otros.

Previo al estreno de Dragon Ball Super, Gohan fue el primero en evidenciar que la evolución saiyajin no sigue un sendero fijo y preestablecido, sino que varía en cada caso según la personalidad del guerrero. Y esto por supuesto que se lo debe a Piccolo, puesto que él no lo ha entrenado según las normas saiyajin, sino primero, a través de la autosuperación y, luego, mediante la meditación y reflexión. Esto último es crucial.

 

Si bien Gohan posee un gran poder innato, este tiene como detonante la frustración y la ira, aspectos que no se condicen con su personalidad pacífica y reflexiva. Es por eso que, previo al Torneo de Cell, Goku asume la misión de entrenar a su hijo con miras a que éste aprenda a controlar y utilizar su ira. Pero, como sabemos, a Son Goku no le acomoda mucho el rol de padre ni mucho menos el de maestro –aunque esto último está cambiando actualmente–.

La estrategia de Goku supone una contradicción: su hijo debe aprender a utilizar la ira a su favor, pues ese es el fundamento de la transformación en súper saiyajin, pero Gohan no se mueve por la ira. Por tanto, por mucho que el método haya tenido éxito a corto plazo, con Gohan transformado en fase 2 derrotando a Cell, el pasar del tiempo demostrará que ese no es su camino.

Durante la saga de Boo, Gohan tuvo que someterse al ritual del Kaio-Shin Anciano para comprender que podía liberar todo su poder sin la necesidad de transformarse en súper saiyajin. Pero aquello no fue más que un “acto de magia”. Más adelante, en la preparación para el Torneo de Fuerza, Gohan volverá a la tutela de su maestro Piccolo, con el objetivo aprender a despertar su poder interior a través de la meditación y el entrenamiento. Y quién mejor para ello que el nameku que se hizo a sí mismo.

El análisis concluirá en la tercera parte de este artículo. ¡No te lo pierdas!

Recuerda que puedes ayudarnos dando una pequeña donación.

¡Muchas gracias!

23 publicaciones.

Sobre Orin

Licenciado y magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Amante del arte, la literatura, de la escritura ensayística y de investigación, del cómic, los videojuegos y la cultura pop en general. Panelista del podcast Modo Versus, programa de conversación sobre cultura pop al ritmo de los clásicos videojuegos de peleas.

X
No olvides leer nuestra última revista digital