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El tutelaje en Dragon Ball: la clave de la evolución saiyajin. Parte I

¿Qué hay tras los personajes súper poderosos de Dragon Ball? Tutelaje, disciplina, superación y entrenamiento. Un maestro y su discípulo

Tiempo de lectura: 7 minutos

Escrito por Orin el 09/06/2020
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Un sorpresivo detalle

De pronto, el capítulo 94 del anime Dragon Ball Super ha tomado una relevancia sorpresiva y fundamental para quienes gozamos de las aventuras de Son Goku y compañía. Perteneciente al arco argumental Supervivencia Universal (o mejor conocido como el Torneo de Fuerza), este episodio es recordado por la controversial decisión de Goku de solicitar a Freezer que participe en dicho torneo, confiando así a su archienemigo el futuro del universo.

Sin embargo, esta no es la razón de la reconsideración al capítulo. Por el contrario, tiene que ver con una escena de contenido casi imperceptible y que nos remonta a la infancia de nuestro héroe saiyajin.

Mientras Uranai Baba va en búsqueda de Freezer al otro mundo, Goku los espera de la mejor manera en que sabe ocupar su tiempo, entrenando. Pero donde lo hace dista mucho de ser cualquier lugar para él: se encuentra en el templo donde años atrás se enfrentó a su abuelo, Son Gohan. ¿Qué hace a esta escena tan especial y emotiva? Pues que Goku adulto, en soledad e intimidad, recrea la batalla que lo marcó durante su infancia.

Frente a esto, vale la pena obviar el fan service y poder llevarlo más allá, analizando el interesante significado presente sobre el recuerdo emocional. ¿Qué es lo que está realmente recordando Goku al replicar el enfrentamiento? He aquí una hipótesis a trabajar: lo que el saiyajin criado en la Tierra está rememorando es la pelea con su primer maestro. Y es más: recuerda al maestro que no pudo vencer en batalla, sino sólo mediante su rendición.

Lo anterior toma relevancia al reparar en que el desarrollo de Son Goku en las artes marciales siempre ha estado ligado al tutelaje, al aprendizaje bajo la doctrina de un maestro. Y esta característica de nuestro protagonista es fundamental, pues establece un contrapunto trascendental respecto de su raza y cultura originaria.

A diferencia de un saiyajin criado en el planeta Vegeta, donde su función en el imperio quedaba subordinada al poder de pelea manifestado al nacer, Goku se ha sometido constantemente a un maestro con el fin de elevar su nivel de pelea y aprender nuevas técnicas.

La norma monárquica versus la disciplina terrícola

Si un perdedor hace muchos esfuerzos, quizás pueda sobrepasar el poder que tiene un guerrero distinguido. – Goku

Para muchos la frase citada funciona como la esencia argumentativa e incluso la moraleja de Dragon Ball. Aquellas palabras son la respuesta de Goku a Vegeta en el momento en que, justo antes de su primer enfrentamiento, el príncipe le revela la verdadera razón tras su crianza en la Tierra.

Goku, hijo de Bardock, al nacer manifestó un poder de pelea despreciable, fue considerado un guerrero de clase baja y, en consecuencia, fue enviado a un planeta que no representaría amenaza al momento de conquistarlo. El objetivo último era anexar otro territorio a los dominios del emperador Freezer.

Sin embargo, todos sabemos el giro que tomó la historia. Goku fue criado por Son Gohan, hombre amable y pacífico, a la vez que diestro artista marcial y discípulo del libidinoso e inigualable maestro Roshi. Gohan, además de adoptarlo, le enseñó los primeros rudimentos de las artes marciales hasta el fatal accidente en que Goku, convertido en ozaru, acabaría con la vida del anciano.

El inesperado cambio de suerte del saiyajin menospreciado vino a romper con la tradición monárquica extraterrestre. La raza guerrera saiyajin se basaba –debemos usar el pasado tras la destrucción del planeta Vegeta a manos de Freezer– en una estructura social piramidal, sin movilidad entre castas.

La nobleza estaba compuesta por sujetos de nivel de poder de pelea alto: guerreros superdotados que debían aprender a desplegar sus habilidades por su cuenta, sobreviviendo a batallas desde su infancia y prescindiendo de maestros. Por supuesto, ese fue el caso de Vegeta, el orgulloso príncipe saiyajin y antihéroe por antonomasia.

Si tras el contacto con Vegeta, Goku aprende sobre las vicisitudes de su pasado y las particularidades de su raza, por su parte Vegeta poco a poco irá asimilando la manera terrícola de progresar en las artes marciales. Y esto se vuelve un factor clave en la evolución del príncipe. Producto del encuentro con los Guerreros Z, no sólo aprenderá cualidades propias de su estirpe –como el aumento de poder al sobrevivir a la agonía y la viabilidad de la leyenda del súper saiyajin–, sino fundamentalmente que el poder de pelea no es un valor estático, es más bien móvil y depende del entrenamiento.

Las diversas formas de ser saiyajin: Vegeta

A lo largo de la saga de Dragon Ball Z, pudimos constatar que a Vegeta es a quien más le costó evolucionar –asunto que, por lo demás, nunca agradó a los fans–. No obstante, tras los antecedentes expuestos, es una característica que no deja tener lógica.

Vegeta representa el último bastión del modelo monárquico y siempre opondrá resistencia a modificar la tradición. Es por eso que siempre hizo las cosas a su manera, negando posibilidad alguna de aprender de otro. A pesar de su orgullo –y gracias a este– logró adoptar la disciplina terrícola del entrenamiento y, como buen superdotado, supo llevar siempre su habilidad al máximo. Pero, lamentablemente, nunca fue suficiente.

Ahora, para ser justos, la obstinada personalidad de Vegeta dio frutos dignos de reconocer. Preso de la frustración, supo transformarse en súper saiyajin fase 1 por su cuenta –dejando a Gohan, el hijo de Goku, como el único que necesitó entrenamiento para lograrlo–; dedujo que el camino para superar la fase 1 no pasaba por elevar el ki y aumentar la masa corporal –aquel error que sí cometió su hijo Trunks–; así como también, tan sólo con observar a Goku pelear contra Kid Boo, concluyó que la transformación de súper saiyajin fase 3 supone una desproporción de energía no correspondida por la fuerza obtenida.

Sin embargo, después de tantos años viviendo en la Tierra e influido inconscientemente por sus compañeros de batalla, supo dar el paso definitivo. Uno de los aspectos más atractivos de la saga Dragon Ball Super es precisamente la evolución de Vegeta, quien finalmente se sometió a un maestro. Whis, el guía encargado de asistir y servir como maestro al Dios de la Destrucción, Bills, toma como discípulos a Vegeta y a Goku y, para sorpresa de todos, a petición de ambos.

Whis se convierte en el primer maestro de Vegeta, poniendo fin a años de formación autodidacta. Bajo su tutela, el príncipe saiyajin igualará el poder de Goku sin artimañas –como la que lo hizo alcanzar la fase 2 del súper saiyajin o la fase 4 en la olvidable saga Dragon Ball GT– y lo sitúa nuevamente como un personaje decidor al momento de hacer frente a amenazas.

De esta forma, se comienza a vislumbrar que la evolución de poder en un saiyajin no responde a un solo camino, a una sola fórmula, sino que en cada caso se desarrolla según la personalidad del guerrero. Y, por sobre todo, los resultados evolutivos variarán siempre, como variados son los maestros, los discípulos y los estilos de lucha. –Por eso es una pérdida de tiempo esperar ver algún día a Vegeta, Gohan u otro convertido en fase 3.–

En la segunda parte de este artículo revisaremos de qué forma el tutelaje ha despertado las particularidades de los principales personajes de nuestra querida Dragon Ball, además de presentar las conclusiones de este análisis.

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Sobre Orin

Licenciado y magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Amante del arte, la literatura, de la escritura ensayística y de investigación, del cómic, los videojuegos y la cultura pop en general. Panelista del podcast Modo Versus, programa de conversación sobre cultura pop al ritmo de los clásicos videojuegos de peleas.