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Better Call Saul: narrativa exquisita en la era del algoritmo

La precuela de Breaking Bad alcanza el calificativo de obra maestra ignorando todos los mandamientos del streaming moderno.

Tiempo de lectura: 8 minutos

Escrito por Pablo Castillo el 16/08/2022

Better Call Saul, estrenada en 2015, acumula tres temporadas seguidas con un 98% en Rotten Tomatoes, su quinta temporada está nominada a cuatro premios Emmy, la actuación de Rhea Seehorn ha sido calificada como «una de las mejores actuaciones de la ultima década» y el director Guillermo del Toro ya la ha posicionado por encima de la reina de todas las series: Breaking Bad

Las palabras se quedan cortas para la carta de amor al lenguaje audiovisual que Vince Gilligan y Peter Gould nos regalan a través de una de las series mejor cuidadas en el aspecto técnico, haciendo uso de hipnóticos montajes, tomas aéreas, secuencias en blanco y negro, metáforas visuales y transiciones exquisitas. 

Algunos ejemplos de la cinematografía de la serie

Pero uno de los méritos no comentados es que los realizadores nos regalan, en pleno 2022, una serie histórica que no respeta en absoluto los mandamientos del streaming moderno. El todopoderoso algoritmo no tuvo voz ni voto en las decisiones creativas, y es que a la serie solo le importan dos cosas: contar la historia que quiere contarnos y desarrollar los personajes que nos presenta.

El algoritmo

En las matemáticas, un algoritmo es un conjunto ordenado de operaciones sistemáticas que permite hacer un cálculo y hallar la solución de un tipo de problema. En programación, un algoritmo es usado por las redes sociales para determinar qué contenido será priorizado y cuál será desplazado a la zona inferior de la pantalla. Hoy en día los servicios de streaming e incluso las plataformas musicales lo usan.

Este conjunto de operaciones no solo aprende de nosotros como individuos que utilizan el servicio, sino también del comportamiento de rangos etarios, géneros y nacionalidades. Le permite a Netflix, HBO Max o Prime Video saber el tipo de series que les gusta a mujeres mayores de 40 años o a niños españoles entre los 14 y 17 años.

Detecta el momento que elegimos para pausar una película, cuando adelantamos, el capítulo en el que abandonamos una serie o el tipo de final que debe tener un episodio para que veas el siguiente inmediatamente. Lo anterior afecta la forma en que la televisión está siendo escrita.

El director Cary Fukunaga (True Detective, Maniac) declaró sobre cómo era trabajar con Netflix: «ellos pueden ver algo que has escrito y decir: sabemos, basado en nuestros datos, que si haces esto perderemos esta cantidad de audiencia». Y añade: «Esto genera una conversación sin posibilidad de que el autor gane, porque el algoritmo siempre gana. La pregunta que debemos hacernos entonces es si queremos tomar una decisión creativa a riesgo de perder gente».

La serie ante el panorama actual

¿Qué tiene que ver Better Call Saul con esto? Pues que la precuela de Breaking Bad se revela ante la era del algoritmo. El paradigma de la Tv actual consiste en darle a la gente lo que quiere, el cameo que espera, la trama que se imagina. Better Call Saul le da a su audiencia lo que no sabe que quiere.

«Let´s justice be done though the heavens fall».

Breaking Bad no era solo balazos y conflictos entre narcos, era un drama personal sobre la decadencia moral de su protagonista. La precuela mantiene lo segundo, pero elige alejarse de la marcada trama criminal que se esperaba antes de su estreno (y que seguramente pedía el algoritmo) para llevarnos a un drama sobre frustración laboral y envidia familiar.

Nadie imaginaba que nuestros personajes favoritos serían Kim Wexler, abogada talentosa y pareja del protagonista; y Nacho, delincuente del cartel. Tampoco nuestra inmersión con la relación entre los hermanos McGuill, haciéndonos odiar y entender las decisiones de Chuck. La audiencia esperaba cameos de sus personajes queridos, la serie le dio personajes que no tenían idea que iban a amar.

La relación entre Kim y Jimmy es, sin duda, el núcleo de la serie.

Guillermo del Toro escribió sobre la serie en 2018 (cuando iba en su cuarta temporada) lo siguiente: «me gusta incluso más que Breaking Bad, lo que está en juego puede parecer más pequeño, pero la caída moral es más profunda y conmovedora. La transformación de Walter es masiva, la de Jimmy son pequeñas caídas dolorosas».

¿Tendrá razón? Si bien poner a una sobre otra no tiene sentido al ser series que dialogan entre ellas y se necesitan mutuamente, adhiero con el director mexicano. Se nota la madurez de los responsables, hay una prolijidad y una elegancia a la hora de filmar que es propia de los años. Se opta por lo personal sobre lo espectacular, algo necesario al nosotros saber el destino de varios de los personajes.

Y es que la serie se puede ver como una tragedia griega, esos viejos libros tipo Edipo Rey en el que se nos contaba una profecía terrible que viviría el protagonista, siendo el resto del relato el camino que lo lleva a aquello. La serie comienza con un futuro desprovisto de color, donde Jimmy tiene una vida solitaria y con miedo, luego nos muestran su historia: el ascenso y la caída de Saul Goodman.

«A lawyer you can trust».

Por supuesto, el crimen también está presente a través de Mike, Nacho y Gustavo Fring. Y entre más avanza la serie, más marcado se torna. Llegando a niveles de tensión propios de la serie que le antecede, especialmente en la quinta y sexta temporada, donde la intensidad del duelo de ajedrez entre Lalo y Gus va in crescendo.

Pero sobre todo, cada semana Better Call Saul nos entregó 47 minutos de magia audiovisual en el que cada plano es usado para contarnos algo acerca de la historia o de sus personajes. Nunca se apreció preocupación a aburrir a su audiencia con un ritmo pausado (para reflejar estados de ánimo) o tramos en blanco y negro (para mostrar la falta de color en la vida de Gene).

Dos padres frente a frente: uno «enjaulado» en el mundo criminal mientras el otro es libre.

A lo largo de 6 temporadas, la serie no alimentó el algoritmo con la referencia evidente de la serie de la cual veníamos, sino que conversó con esta y resignificó aspectos de ella. Con lo visto entre Mike y Nacho, se da otra capa a la relación que luego desarrolla con Jesse. Jamás volveremos a ver de la misma forma el laboratorio, ni la última conversación entre Gustavo y Héctor.

Hoy se estrena en Netflix el último episodio de la serie: Saul gone (juego de palabras con «It´s all gone»). En nuestra memoria quedarán momentos inolvidables como la visita de Lalo al departamento, la estafa final a Howard, la travesía en el desierto de Jimmy y Mike, el caso Sandpiper o la pérdida de cordura de Chuck en el juicio.

«Just tell me what you want, jeez»

La obra pasa ahora a la posteridad, lista para ser descubierta por el público que disfrutó Breaking Bad y aún no se decide a embarcarse en este drama conmovedor y profundamente humano que nace a partir de una frase dicha en el capítulo 8 de la segunda temporada de Breaking Bad: «¡No fui yo! ¡Fue Ignacio, él fue! Siempre soy amigo del cartel… ¿Lalo no los envió? ¿No fue Lalo? ¡Oh, gracias a Dios!».

Lo demás es historia. Larga vida al resbaloso Jimmy, el hombre de Cícero al que todos querían saludar y todas querían sonreír.

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