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Retrato de una mujer en llamas – Amor, pasión y pintura

Dirigida por Céline Sciamma, Retrato de una mujer en llamas nos muestra una intensa relación con una puesta en escena marcada por el arte.

Tiempo de lectura: 7 minutos

Escrito por J Martínez el 11/05/2022

Siempre se ha buscado retratar el amor y la pasión en el cine. Es común que esto resulte en películas burdas, con poca sutileza y delicadeza a la hora de mostrar las relaciones. Porque no necesariamente la pasión debe significar placer carnal y contacto físico; a veces, basta con una mirada, un par de palabras, algo que el arte, cuando se esfuerza, entiende muy bien.

Esto es lo que podemos tomar como punto de partida para hablar de Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu, su nombre original), además el arte y su relación con el amor y la pasión. Porque la película no solo utiliza estos temas a nivel narrativo, también lo hace a nivel visual y sonoro, con un uso de la imagen y la música muy particular, pero sumamente efectivo.

Un retrato imposible de pintar

La película comienza con Marianne, una pintora, viajando hacia algún lugar. Ahí descubrimos que está ahí para pintar el retrato de una mujer que está próxima a casarse, y también descubrimos que este retrato tendrá una complicación extra; ella se rehúsa a posar para ser pintada.

Por esto, Marianne deberá actuar como la acompañante de Héloïse en sus primeros momentos de libertad, pues ella solía vivir en un convento. Así, intentará capturar sus rasgos y expresiones sin que ella lo note, para posteriormente poder realizar este retrato sin que se dé cuenta.

Pero el hecho de transformarse en su acompañante hará que ambas se acerquen, haciendo que la atracción e intimidad crezcan a niveles que son imposibles de aguantar. ¿Qué resultará de esto? ¿Se logrará finalmente pintar el retrato? ¿Qué significará este al corto y largo plazo?

Misterio y tensión

La primera mitad de película se construye a puro misterio, casi como si nos obligase a preguntarnos por los acontecimientos de la sección anterior. El hecho de que, durante casi 20 minutos, seamos incapaces de ver el rostro de Héloïse no hace más que alimentar ese misterio. La falta de música también ayuda a esto, así como también lo hace la personalidad de Héloïse.

Una vez que las protagonistas se conocen y comienzan a establecer conversaciones, ese misterio es reemplazado por tensión. Primero la tensión que supone que Marianne deba pintar en secreto el retrato, que provoca que incluso una pequeña mirada se torne incómoda, o hasta amenazante.

Pero después aparece un nuevo tipo de tensión. Porque la cercanía que supone este (falso) trabajo de acompañante hará que las protagonistas se acerquen no solo físicamente, sino que conectarán y hasta se tendrán compasión. No obstante, hasta que esa tensión no estalle, nada de esto se convertirá en algo. No hasta que sean capaces de admitir lo que están sintiendo.

Pasión y arte

Después de una tremenda escena junto al fuego, en la que aparece música por primera vez en toda la película (además es diegética, lo que la hace aún más potente), Marianne y Héloïse establecen un vínculo de la manera más clásica que podrías imaginar. Pero incluso en esta especie de cliché, la directora Céline Sciamma logra mostrar algo nuevo (y muy significativo), pues a través del vestuario y un pequeño gesto muestra el consentimiento que ambas están dando.

Así, se abre paso una relación muy intensa, pero que en ningún momento se vuelve erótica o burda. Algo muy notable que hace la película para transmitir esto es con la pintura, pues para mostrar lo difícil que le está resultando a Marianne pintar, en muchos de los planos en los que se muestra a Héloïse se enfocan sus rasgos faciales y sus gestos, acentuando la intensidad con la que Marianne la mira, acentuando al mismo tiempo la intensidad del sentimiento que termina aflorando.

Sub-trama potente

Además de la relación que se comienza a formar entre las protagonistas, Retrato de una mujer en llamas nos presenta una sub-trama bastante interesante (que también se usa para que Marianne y Héloïse se acerquen aún más). Esta se centra mayormente en Sophie, quien es una sirvienta en la casa que se desarrolla la película.

Una de las cosas que más se sienten frescas es que en ningún momento se muestra a Sophie como una sirvienta maltratada, a pesar de lo fácil que hubiese sido esto. Más que nada, la relación asimétrica (en términos, digamos, de “clase”) de ella con el resto de personajes se muestra con, por ejemplo, la nula interacción entre ella y la mamá de Héloïse, quien se muestra como el elemento más conservador dentro de la película.

Hay un momento en que la mamá se va de la casa por unos días. Este es un momento bastante importante, aunque quizás la película no lo trate como tal. Cuando ella se va, es casi como si los muros de las clases sociales se derrumbaran, dejándonos con tres personajes femeninos muy potentes, quienes cooperan entre ellas y se preocupan las unas por las otras, afiatando así su amistad.

Es una parte de la película muy linda, que muestra temas importantes tratándolos -casi- con naturalidad (y este casi tiene que ver más que nada con la época en que se ambienta la obra), y que además sirve para gestar una de las mejores escenas de la película: el momento en que tanto Marianne como Héloïse aceptan su amor.

Conclusión y final

Sin entrar en spoilers, el final parece una respuesta y regalo para quienes han vivido el amor entre las protagonistas con tanta intensidad como ellas lo han vivido. En un par de detalles se sigue viviendo la pasión entre ellas, mientras sigue recalcando ese amor por el arte que la película propone en cada una de sus tomas. Y es que ese es el corazón de esta obra, el amor intenso, la pasión, el arte (sobre todo la pintura).

Incluso dejándonos varias cosas en el tintero, como una pequeña crítica a los celos y la posesividad, la maravillosa cinematografía que recalca aún más el amor por la pintura, o un importante paralelismo que hace con la historia de Orfeo y Eurídice (además de varias referencias al respecto), Retrato de una mujer en llamas es una película maravillosa y muy recomendable.

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