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Recomendación: “Recuerdos del Ayer”, de Studio Ghibli.

En 1991, Studios Ghibli, de la mano de Isao Takahata, estrenó "Recuerdos del Ayer", una de sus películas más terapéuticas

Tiempo de lectura: 3 minutos

Escrito por FanoPetrikov el 09/04/2020
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En 1991, Studios Ghibli estrenó “Omohide Poro Poro” o en español, “Recuerdos del ayer”, una película dirigida por Isao Takahata, quién ya anteriormente había trabajo con los estudios para “La Tumba de las Luciérnagas”. Actualmente en Netflix, “Recuerdos del Ayer” es un film que tiene una gran profundidad, lo que va acorde a lo clásico de Ghibli; historias de vida, muchos momentos reflexivos y una sinergia de artes que logra erizarnos la piel.

Es sabido de que Ghibli busca siempre llegar al realismo máximo al momento de crear sus producciones, usando paisajes reales de Japón, utilizando historia japonesa clásica o antigua, así como rescatando todos los condimentos culturales posibles que se puedan integrar; como la decoración, sus festivales y/o fechas importantes.

En este film, Takahata busca la perfección frente a este realismo, trabajando en las ilustraciones de los personajes de la manera más realista posible, o viajando al distrito de Yamagata para poder averiguar y reconstruir paisajes del sector. Como dato curioso, la película tuvo tan buen recibimiento en Japón, que la estación de ferrocarriles Takase, que aparece en el film, fue reconstruida por los ferrocarriles estatales, para poder darle a la gente, algo que en la película los llenó de nostalgia.

Sinopsis

La película se basa en Taeko, una joven treintañera que viaja a Takase, un distrito campestre a las afueras de Yamagata, en Japón. Esto lo hace en sus vacaciones, porque en el campo cosechan Azafrán en los veranos, lo que a ella le fascina. A lo largo del viaje, desde que decide levantarse hasta que llega a Takase, nuestra protagonista revive recuerdos de su infancia, por lo que el 70% de la película es ella como una niña de 10 años.

La capacidad de cerrar etapas.

La película no solo nos conmoverá con la belleza clásica de Ghibli, donde los silencios se vuelven tan avasalladores que nos remueven las lágrimas, sino que también nos mostrará el paso a paso de una introspección, centrada en la re-significación de nuestra vida. Takahata nos ofrece un film casi auto terapéutico, donde el paso a paso del viaje nos trae a la palestra recuerdos significativos que, de alguna u otra manera, marcaron a nuestra protagonista. Pero frente a esto, y ya con 30 años encima, Taeko tiene una mirada mucho más madura a la hora de recordar, por lo que consigue darles un nuevo significado a sus traumas, desde un punto más comprensivo, empático con las circunstancias y mucho más sano.

Un final que mata miedos.

Creo que la película se luce por sí sola, es una obra maestra de principio a fin. La música que acompaña cada escena, las costumbres típicas japonesas que aparecen en su transcurso, la calidad de dibujo e ilustración (además del realismo), y por supuesto, la temática, la hacen maravillosa. Pero el final es aún más fuerte, y es el porqué defino a esta película como “terapéutica”.

El final busca de alguna manera, incitarnos a amar lo que estamos haciendo, a aprender a valorar los lugares donde nos cuidan y nos sentimos bien. Taeko experimenta más que una terapia personal muy cognitivista a lo largo de la película -con una postura gestáltica donde la imaginería y la re significación hacen su trabajo-, sino que también cuenta, en un segundo trasfondo, que el amor propio prima en no solo sentirlo, sino que en actuar en pos de él. Pero la única forma de obtenerlo tan intensamente, es que volvamos a cuando realmente amábamos lo que hacíamos, nos sentíamos libres e ignorantes de las responsabilidades y donde podíamos ver las malas conductas humanas como algo incomprensible antes que familiar.

Esto resuelve a “Recuerdos del Ayer” como una película intensa, emocionante hasta decir basta, aunque también podemos llamarla fabulosa, como una muestra muy explícita de cómo entendernos y poder llegar a ser mejores personas.

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Sobre FanoPetrikov

26 vueltas al sol. Tratado de hilar la psiquis de los demás y la mía también. Lector por amor al arte, otaku y existencialista. La subjetividad está sobre nosotros. ¿O no?