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Mucho que decir sobre Salón de Belleza

Analizando la premisa que esconde la indiferencia del protagonista, hablaremos un poco sobre Mario Bellatin y su libro, Salón de Belleza

Tiempo de lectura: 7 minutos

Escrito por Ally el 24/06/2020

Este texto contiene muchos spoilers. Recomiendo leerlo igualmente, aunque no conozcan el libro. 

Primeramente, hablemos un poco de Mario Bellatin, uno de los autores más reconocidos de la literatura hispanoamericana actual. El autor, mexicano, nació en 1960 sin el brazo derecho, pero en vez de usar prótesis, usa un garfio. Su malformación pone en contexto al libro, ya que la marginalidad es la temática principal del libro.

La obra, publicada en 1994 trata, en palabras simples, del dueño de un salón de belleza homosexual y aficionado a los acuarios. Cuenta cómo el lugar se fue transformando en un moridero debido a que comenzó a aceptar enfermos de VIH en etapa terminal, para cuidarlos. Esta decisión la toma debido al rechazo de la sociedad hacia la comunidad gay que tenía esta enfermedad. 

El protagonista cuenta su experiencia y, de a poco, va entrando en su vida personal, lo cual es el tema central de este artículo. 

Al inicio, el peluquero trata de no mostrar su emocionalidad y de distanciarse de lo que vivió en el salón, pero es aquí donde los peces y acuarios juegan un papel fundamental. Él se muestra cariñoso ellos durante todo el relato, pero de a poco comienza a tomarles menos importancia. 

Al inicio son coloridos y hermosos, mientras habla de su juventud y los buenos recuerdos, pero después son de colores oscuros y hasta carnívoros mientras cuenta sobre su niñez, cerca el final, del que hablaremos más tarde.

El reflejo en el acuario

En la obra, cuando habla de sus ideas de suicidio, decaimiento físico y mecánica dedicación al salón, dice que tiene ajolotes en los acuarios, «peces que parecen estar a mitad del camino de la evolución», los cuales son peores que las pirañas y se comen a los otros. Los describe con colores opacos y cuenta que los familiares de sus huéspedes no quieren ni mirarlos. 

El poner ambas situaciones no es coincidencia. Lo que el autor hace es un paralelismo entre su sensibilidad y los acuarios, lo cual refuerza su situación personal y la del moridero. Sin embargo, el salón también es una vitrina de la sociedad. 

No solo es una referencia la marginalidad sino que además, desde la indiferencia del protagonista, se hace una crítica a la homofobia y a la negligencia ante los homosexuales que padecían VIH en aquella época.

Desde el inicio de la obra, con esta indiferencia, muestra una máscara. Él esconde su propio miedo a la muerte y al abandono que sufre (debido a que no tiene a nadie que lo cuide ahora que está enfermo). 

A pesar de que no sabemos ni su nombre, conocemos sus debilidades gracias a esta máscara que, en realidad, termina siendo una vitrina a sus peores temores, pues exponer la insensibilidad a sus huéspedes es la manera más fácil de esconderse. Por ejemplo, cuando el protagonista confiesa que: 

«Había sido testigo ya de tantas muertes, que comprendí muy pronto que no podía echar sobre mis espaldas toda la responsabilidad de las personas enfermas. Con el tiempo logré hacer oídos sordos, tanto a las súplicas como a la animadversión de algunas personas.» 

Pero se contradice, y veremos más adelante por qué. 

Con esta supuesta apatía hacia los que lo rodean (menos a sus amigos fallecidos, a quienes echa de menos constantemente) y afición a esconder su interioridad detrás de los acuarios, expone un exilio interior que se usa como recurso para criticar la homofobia, y la violación de derechos humanos hacia los homosexuales con VIH de esa época. 

Su forma de narrar es simple, alejada del lenguaje pomposo, y cautelosa al momento de relatar situaciones personales, tratando de mostrar solo al salón. Pone en juicio una reflexión de las normas sociales de la época y señala en esto, directamente, al catolicismo, diciendo que “prohíbe esas prácticas [religiosas] en el moridero”.

Esta crítica no es injustificada en la obra, debido a que ha sufrido rechazo de la comunidad cristiana, según confiesa en el texto. Refleja así el cómo afectan los valores religiosos en su situación y en la de sus huéspedes, algo no muy lejano de la realidad.

La máscara rota (y la sociedad moderna)

A pesar de ser un libro del 94’, toca temáticas muy presentes que, aunque no parecen estar bien vistas, siguen ocurriendo a diario. Muchas historias terminan igual que esta. 

Después de contar su vida en el salón, el final es la culminación de este exilio interior, porque se rompe y el protagonista se revela por completo, con una potencia magistral. En este punto, está claramente señalado que la enfermedad de los huéspedes del moridero es VIH. 

Aunque no lo menciona literalmente, nos entrega pistas sobre el travestismo del protagonista, el cómo acepta solo hombres en el moridero; cómo la iglesia los rechaza, al igual que en los hospitales públicos y sus familiares. 

Todo esto nos da una visión clara sobre la sociedad que se agradece para los 90’s, cuando todavía había mucha ignorancia, censura y negación respecto al VIH. 

Aquí el protagonista confiesa tener miedo sobre qué les pasará a sus huéspedes después de morir, contradiciéndose a lo que dijo en todo el libro. Pero también siente miedo a la muerte propia, a quién dispondrá de su salón, y a enfrentar la muerte solo. En este momento, él se rompe. 

Durante toda la novela mantiene presente que es un salón de belleza que está usando como moridero momentáneamente. Él se aferra fervientemente a la idea de volver a usarlo como salón y es uno de sus sueños, pero se termina perdiendo.

Finalmente dice: «Lo que antes fue un lugar destinado estrictamente para la belleza, ahora se convertirá solamente en un simple lugar dedicado a la muerte», después de resignarse a no saber qué ocurrirá con su fallecimiento. 

Porque ese es su peor miedo, el cual parece ser su destino (dice) porque se escapó de su casa a los 16, su madre falleció y también sus amigos de toda la vida. Se esfuerza en idealizar el momento de su muerte con sueños mezclados: «No habría clientas, el único cliente del salón sería yo. Yo solo, muriéndome en medio del decorado.»

Trata de no revolverse en el futuro, pero no puede evitarlo. Dedica las últimas páginas a mostrar sus preocupaciones sobre la soledad hasta el punto de preguntarse de qué le valió la vida si, ahora, no tiene a nadie. 

Entonces, ¿por qué no exponer al personaje en su totalidad desde el inicio? Porque así hay una muestra paulatina de su personalidad, lo que se refuerza con el relato en primera persona, el reflejo de su emocionalidad en los peces y el final explosivo. 

La indiferencia del estilista es su forma de protegerse del lector y de los que lo rodean en la obra. Su desapego emocional sobre su situación hace que se muestre con mayor profundidad su lado humano. Está escondido, igual que muchos homosexuales de la época. 

Lo magistral es que, al exponer todas sus debilidades al final, se ve como alguien verosímil y la situación queda como algo irremediable (lo cual causa frustración en el lector), lo que expone la crítica social sobre la marginalidad con mayor fuerza. 

Muchos autores han ayudado a visibilizar la comunidad LGBTIQA+ en la literatura, y Bellatín es uno de los más grandes. Una leyenda en vida. 

Les recomiendo el libro, aun si han leído este artículo. No se arrepentirán. 

Y feliz mes del orgullo.

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