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La maldad queer de Disney — Parte II: Queer baiting

Comiqueros explora qué son el queer coding y el queer baiting en este especial dividido en dos partes, y por qué tu villano de Disney favorito es gay.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Escrito por Fer el 11/06/2020

Junio, por ser Mes del Orgullo, es la fecha ideal para ver hacia atrás en la historia. En la primera parte de este especial, se habló acerca de lo que era el queer coding y cómo Disney lo puso en práctica, creando algunos de sus villanos más famosos con esta técnica.

Sin embargo, a medida que el tiempo sigue su curso, el queer coding ha estado quedando obsoleto. Las décadas de lucha por una vida segura y representación en los medios de la comunidad LGBT+ han rendido frutos… en parte. De un modo u otro, una cosa es segura: siguen siendo consumidores.

El queer baiting apunta específicamente a este público ansioso por verse correctamente representado en la pantalla, pero ¿qué es exactamente? ¿Y qué tiene que ver Disney (otra vez) con todo esto?

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Borrando el pasado para vender el presente

A diferencia del queer coding, la instauración del queer baiting en la industria audiovisual no puede ser rastreada hasta una fecha en específico. Desde la revuelta de Stonewall hasta nuestros días, el cine y la televisión han pasado por una serie de etapas graduales de aceptación.

Es importante recalcar que cada serie, película o cortometraje es un producto de su tiempo, por lo que no están exentos de cargas ideológicas positivas o negativas, generalmente presentes de manera implícita (a menos que se trate de propaganda).

Un ejemplo que se escapa del tema principal de la nota, pero perteneciente a Disney, es Dumbo (1941). Los cuervos de la película están modelados según caricaturas racistas, diseñadas para denostar a la población de color de Estados Unidos. En su época, nadie vio el problema en ello, pues era lo normal.

Tanto, que incluso la ley permitía segregar a las personas por su color de piel (véase las leyes Jim Crow). No sería sino hasta los años 60’s, con la lucha por los derechos civiles de los grupos minoritarios, que esta normalidad estadounidense comenzaría a ser reemplazada por una más parecida a la que vivimos hoy en día.

Una película tan directamente racista no puede ser presentada en la actualidad, o al menos no sin sufrir consecuencias en sus ventas y divulgación. Siendo Disney una empresa, no puede permitirse este tipo de pérdidas económicas, por lo que sus productos deben adecuarse a los clientes para que estos continúen consumiéndolos.

El live-action del 2019 de Dumbo eliminó a los cuervos, entre otros detalles que, a su juicio, podían resultar problemáticos para la audiencia moderna. Lamentablemente para ellos, el público no tiene la memoria tan corta y muchos recordaban todavía las variaciones de la versión original.

Disney nunca hizo nada para reconocer las decisiones racistas que realizó en el pasado, optando, en su lugar, por ignorar que alguna vez ocurrieron. Pasa algo parecido con el queer coding, jamás abordado por la compañía, y, actualmente, con el queer baiting.

La maldición de ser el primero

El objetivo principal de Disney es vender sus productos, y la forma más eficiente que tiene de hacerlo es mediante publicidad que intente abarcar a la mayor cantidad posible de futuros clientes.  Como los grupos minoritarios no eran considerados, la publicidad tampoco estaba dirigida a ellos.

Dentro de los grupos minoritarios está, por supuesto, el colectivo LGBT+, por lo que Disney apunta a llamar su atención para obtener nuevos consumidores de sus películas. Sin embargo, también tiene que ser lo suficientemente sutiles como para que su público homofóbico también siga viendo lo que produce.

Al final, lo más sencillo es recurrir al queer baiting: promocionar un personaje o relación LGBT+ en una película o serie, todo para que el resultado final sea fraudulento y decepcionante. Como el nombre en inglés lo indica los personajes y narrativas LGBT+ son utilizadas solo como un cebo para el público.

Ejemplos de esto son los primeros personajes de la comunidad que Disney ha presentado a lo largo de su filmografía moderna:

  • La Bella y la Bestia (2017): se anuncia el primer personaje gay.
  • Avengers: Endgame (2018): se anuncia el primer personaje abiertamente gay.
  • Han Solo: una historia de Star Wars (2018): se anuncia que Lando Calrissian es pansexual.
  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker (2019): se anuncia la primera pareja homosexual.
  •  Unidos (2020): se anuncia el primer personaje abiertamente gay (otra vez).

Estos no son todos los ejemplos de los primeros personajes gay de Disney (faltó mencionar Frozen, Buscando a Dory, Toy Story 4, y series  animadas y live-action), pero sí de aquellos que jugaron un papel importante en el marketing de sus filmes. Pese a esto, su sexualidad nunca es abordada en la pantalla, su participación se reduce a solo segundos, o ambos al mismo tiempo.

LeFou, el primero de los primeros

LeFou estuvo presente en las dos versiones de Disney de La Bella y la Bestia. Si de casualidad este es tu personaje favorito de Disney, adivinaste: es gay. Es más, es doblemente gay, pues la primera versión fue fruto del queer coding, mientras que la segunda es la razón por la que la película es considerada queer baiting.

Como el leal compañero de Gaston, este personaje lo idolatra y está dispuesto a seguirlo hasta el fin del mundo. Esta admiración se convirtió derechamente en amor para el remake del 2017. El actor que lo interpreta, Josh Gad, dijo en una entrevista que «un día quiere ser como Gaston y al otro quiere besar a Gaston«.

Pero este aspecto de LeFou nunca llega a nada ni es mostrado, excepto por un baile al final, en una escena que dura la cantidad perfecta para ser cortada de la película sin que la afecte en lo más mínimo. Disney da a entender que la única manera en que un personaje no heterosexual tenga un momento más o menos romántico en en sus películas sin que esté destinado a perderse dentro de la historia es convirtiéndolo en un chiste.

Hay razones detrás de esta decisión arcaica, como la estricta censura que hay en China, pero estas son explicaciones que el ratón más famoso del mundo no se ha dignado a entregar. En realidad,  tampoco está obligado a hacerlo, pero no puede proyectarse a futuro tratando de ignorar los errores que cometió en el pasado.

¿En qué dañaría a Disney reconocer el queer coding y el queer baiting? ¿O el racismo de Dumbo? Disney todavía tiene que entender que los problemas no se solucionan fingiendo que nunca ocurrieron, especialmente en la era digital, cuando toda esta información está a un click de distancia. Nada es temporal; ahora, todo existe para siempre.

No hay dudas, algún día llegará una película con dos princesas enamoradas, pero la lucha iniciada en Stonewall está lejos de terminar todavía. Fechas como el Mes del Orgullo existen justamente como recordatorio de ello.

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Sobre Fer

Roleo, leo, amo a los gatitos y estudio pedagogía en castellano en la USACH. Si un vampiro me ofrece llevarme a vivir a su castillo escondido en las montañas, agarro mis pilchas y me voy.

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