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Cómo Disney trató de arreglar La Bella y La Bestia

Es bien sabido que muchos cuentos clásicos usados por Walt Disney fueron reformulados, pero el caso de La Bella y La Bestia es casi anecdótico.

Tiempo de lectura: 5 minutos

Escrito por Pía Marian el 04/08/2020

Es bien sabido que los cuentos utilizados por Disney para hacer su películas eran bastante más oscuros que el resultado animado. Desde las hermanas de Cenicienta cortándose los dedos de los pies para caber en la zapatilla hasta la Sirenita suicidándose al final del relato.

La empresa no solo eliminó buena parte del contenido violento de estas historias, también modernizó muchas de las ideas que se encontraban detrás de ellas. Esto llega a sonar gracioso si se toma en cuenta que varias de han envejecido mal en cuanto a ciertos valores y representación, pero si comparas a la princesa del Aladín original, quien carece de personalidad alguna, con Jazmín, al menos la segunda tiene un rol más activo en su película.

El caso de La Bella y la Bestia es uno muy especial, porque si hay un concepto que ha envejecido mal es el que se halla detrás de su obra. ¿Disney logró eliminarlo o fracasó en el intento? Revisemos.

El objetivo del cuento original

Primero tenemos que aterrizar una cosa: la idea de mujeres casándose con monstruos o entidades divinas es antiquísimo. Lo podemos encontrar en una cantidad importante de países. El mito de Eros y Psique es un ejemplo de ello.

Muchas de estas historias tienen un tema de fondo que, hoy en día, nos parece horrendo: el poder transformador del amor. La Bella y la Bestia no es la excepción.

La versión de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve (la usada por Disney) tenía como objetivo educar a las jóvenes dentro de las buenas costumbres del matrimonio arreglado. Al fin y al cabo, no importa que tu marido parezca una bestia, podrás encontrar en él un hermoso príncipe.

Lo que Disney arregló 

La primera cosa rescatable en esta adaptación es que, a pesar de mantener el tema, Bella no es una entrenadora de vida de Bestia. En la película, ella nunca intenta de encontrar bondad en él o mostrar empatía por su situación, sencillamente reacciona al trato que recibe. Si este es bueno, es amable. Si es malo, le grita o huye.

Otra cosa que la animación elimina es la amenaza directa. En el cuento, el padre de la protagonista debe entregar a una de sus hijas al monstruo para evitar ser asesinado. Disney cambia esto por una situación más suave: es ella quien ofrece quedarse en el castillo a cambio de la libertad de su progenitor y ninguno de los dos está bajo peligro, ni antes, ni después. 

Por supuesto, esto sigue siendo una situación bastante problemática, pero démosle crédito por serlo mucho menos que el original.

También es notable el cambio que se hizo al personaje de Bestia, quien, en lugar de solo agasajar a Bella esperando ser amado, procura crecer como persona para ser «digno de su amor». Reconocerla y valorarla lo diferencia de Gastón, el antagonista, pues mientras que el monstruo la deja ir, poniendo sus necesidades por encima de las propias, el villano llega a la amenaza con tal de “poseerla”.

Lo que no pudo arreglar

A pesar de que todo lo mencionado está muy bien, hay tres cosas en esta película que, hasta la fecha, la vuelven una obra complicada de analizar en cuanto a los valores y moralejas que entrega.

Una, que Bella carece por completo de un arco de personaje. Tiene una personalidad, por supuesto: es amable, sabe lo que quiere, posee una gran curiosidad y gusta de leer. Pero al principio desea “grandes aventuras” y esto termina en un matrimonio que nada tiene que ver con su objetivo inicial. Ella no cambia o evoluciona durante la historia. 

Esta falta de desarrollo va ligada a otro problema grave: para ser una película romántica, hay muy poco romance en ella. Salvo un par de versos de canción, no podemos ni siquiera deducir que Bella está sintiendo algo por la Bestia. Incluso, cuando Gastón exige pruebas y ella saca el espejo, lo presenta como “su amigo”.

Este enamoramiento de un solo lado es todavía más notorio si tomamos en cuenta las secuencias que vemos de su tiempo en el castillo (por la nieve, pudieron ser varios meses), porque tratan de dar a entender que se vuelven bastante íntimos, pero luego no parece interesada en regresar.

Por último, el asunto más grave es el defecto de carácter de Bestia. Podemos comprender la intención de hacerlo “bestial”. Su personalidad, de por sí tan caprichosa como egoísta, se ha vuelto explosiva por el encierro, la culpa y el estrés producido por la cuenta atrás que significa la rosa.

Pero nada de esto justifica dos de las escenas más problemáticas de la película: su reacción al ver rechazada su invitación a cenar y cuando Bella se mete al ala oeste. En ambas demuestra ser violento, impulsivo y con poca capacidad para medir las consecuencias. 

Debido a esto, no es difícil hacer el puente entre Bestia y un abusador: maltrata a su víctima y luego busca redimirse, solo para luego seguir repitiendo el ciclo.

 Conclusión

Personalmente amo con locura esta película, pero estoy consciente de que intentar defender algunos de estos puntos es una batalla perdida, son innegables. Disney hizo un gran esfuerzo por arreglar varias cosas del cuento original, pero fracasó en otras que, lamentablemente, terminan pesando más por ser una historia dirigida a niños tan pequeños.

Puedo decir en su defensa que una historia sobre el poder transformador del amor nos parece, hoy en día, un absurdo, es un tropo que ha quedado desfasado y nos resulta hasta desagradable. Por eso disfrutamos Shrek 2 o The Shape of Water, porque se ajustan más a lo que pensamos del amor hoy en día.

Cunado se anunció el live action pensé que nos entregarían una obra que lograse, al menos, reflexionar sobre lo que envejeció mal. Pero en vista de lo que malo que fue, mis esperanzas de ver a la empresa aprender de sus errores, volver a hacer que amemos estos cuentos y darnos una narrativa más actual en cuanto a las formas de ver el amor, están como Gastón: muy muertas.

Sobre Pía Marian

Creo que desde siempre he sentido fascinación por las historias, sin importar el empaque en que vengan. Y por eso me encanta hablar sobre ellas. Editora freelancer, escritora amateur y miembro del staff de Comiqueros.

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