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Reseña: La sonrisa del vampiro

Del aclamado mangaka Suehiro Mauro, esta obra clásica del eroguro muestra el camino a la decadencia de dos jóvenes convertidos en vampiros.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Escrito por Pía Marian el 09/08/2021
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Publicado en 1999 por Akita Shonen, La sonrisa del vampiro es un manga que consta de dos tomos, ilustrado y escrito por Suehiro Maruo, un mangaka conocido por ser uno de los grandes exponentes del eroguro.

Cazadores cazados

La trama del manga sigue, inicialmente, a tres personajes: Kōnosuke Mōri, Sotoo Henmi y Runa Miyawaki. 

El primero es un joven que, tras conocer a una vampira, es convertido por esta. Más temprano que tarde, su reticencia al asesinato y a tratar a los seres humanos como meros objetos desaparece. Acaba por obsesionarse con la eterna juventud, la inmortalidad y la única cosa que parece importarle para el final es Runa.

Sotoo es un joven introvertido y excelente estudiante, que comienza a tener extrañas fantasías de carácter sádico y sexual, dándole placer el sufrimiento y agonía de las víctimas a las que agrede. Llega a presentar tendencias necrófilas. 

Finalmente, Miyawaki es una compañera de escuela de ambos, una joven que, tras haber estado a punto de sufrir abuso sexual en su niñez, ha desarrollado una cierta aversión a cualquier asunto relacionado al tema. Para variar, se encuentra en un entorno donde es hipersexualizada de forma constante, algo que le inquieta profundamente.

Estos tres personajes se encuentran unidos por dos grandes cosas: su paso de víctimas a victimarios y la insana relación que tienen con su propia sexualidad. Esto es algo que irá entrelazando sus arcos personales, siendo la resolución de los mismos lo que culmina al final de la primera parte.

El sexo y la violencia

En general, el eroguro no es un género que suela abordar la sexualidad de formas muy saludables. Y esta no es la excepción.

Sotoo es alguien que mezcla tanto sus impulsos violentos como sexuales, sintiendo un extremo placer al realizar daño. Se le ve quemar gente con vida, realizar asesinatos e incluso masturbarse con un dedo cortado mientras piensa en el horrible destino que pudo haber sufrido la persona que lo perdió. 

Luego está Mori, quien, a pesar de ser alguien físicamente atractivo, su sexualidad se ve completamente coartada al inicio de la historia debido a su transformación. Para él, el sexo es una herramienta que dudará en explotar para conseguir alimentarse. 

Lo interesante de Runa es que, a pesar de partir con una perspectiva diferente (con una gigantesca aversión, especialmente tras un acontecimiento bastante fuerte), termina por convertir el sexo en una herramienta, al igual que Mori. Sin embargo, los asesinatos que comete sí llegan a producirle un cierto placer, al igual que ocurre con Sotoo. 

 Un excelente inicio que decae al final

Todo cuanto se ha dicho hasta el momento está aglutinado en el primer tomo de esta obra. La razón: el segundo no es ni la mitad de interesante.

No es que sea malo, sencillamente los personajes carecen de esa conexión que tenía el trío inicial. La vampira que transformó a Mori de pronto adquiere más protagonismo, pero no se ahonda en nada que no se haya dicho en ese primer tomo. 

A esto se le suma que las peleas de enamorados entre Mori y Miyawaki no son especialmente interesantes. Los personajes son demasiado similares en sus formas de percibir su condición vampírica, así que no se siente como si hubieran más perspectivas en las que ahondar.

Conclusión 

A pesar de que soy fan de Suehiro, tengo sentimientos encontrados con esta obra. Por un lado, la primera parte me encanta por su trato de los personajes y el descenso de estos a un espiral de violencia, por otro, el segundo es extremadamente insulso en comparación.

Si de mí dependiera, casi diría que lo mejor es terminar la primera parte y solo asumir esa última página como un final abierto respecto a los futuros de esa retorcida familia que acaban siendo Mori, Miyawaki y la horrenda vampiresa.

Sin embargo, esto no quiere decir que sea malo y, quizás, valga la pena echarle un vistazo. Quién sabe, tal vez el lector lo disfrute más que yo.

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Sobre Pía Marian

Creo que desde siempre he sentido fascinación por las historias, sin importar el empaque en que vengan. Y por eso me encanta hablar sobre ellas. Editora freelancer, escritora amateur y miembro del staff de Comiqueros.