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Nolan vs Reeves: el hombre murciélago y la delincuencia

Detrás de la trilogía de Christopher Nolan y el filme de Matt Reeves subyacen dos formas opuestas de interpretar el combate a la delincuencia.

Tiempo de lectura: 10 minutos

Escrito por Pablo Castillo el 05/08/2022

Batman, el personaje de las mil iteraciones. Todo director sueña con la llamada que les permita confeccionar su propia versión del personaje, ningún actor no se imagina con el manto del murciélago y todo guionista de comics desea escribir alguna de las miles de series que DC le dedica mensualmente a Bruce Wayne y a sus secundarios.

Nadie se salva del deseo de decir algo con el personaje (excepto James Gunn, a quien Warner le ofreció toda su reluciente gama de héroes, pero su horriblemente bella mente optó por Peacemaker y El Escuadrón Suicida).

Millonario violento, necesitado de terapia, vigilante, retirado fascista, héroe esperanzador y detective cínico son algunas de las caras que el caballero oscuro ha tenido en sus distintas versiones. Hoy analizáremos dos, aquellas que vimos en la trilogía del caballero oscuro de Christopher Nolan y la reciente The Batman de Matt Reeves.

Y es que, a pesar de compartir el mismo protagonista, el longevo superhéroe y sus villanos son el reflejo de modelos culturales totalmente opuestos entre sí. Batman, Joker, Bane y el Acertijo serán herramientas para una conversación que subyace la calidad que ambas cintas ampliamente poseen.

El Batman de Nolan

En 2008 se estrena The Dark Knight, primera parte de la trilogía del director británico Christopher Nolan (Following, Insomnia). En ella nos encontramos con el Guasón (esta sigue siendo la forma más popular de llamarlo, por más que se intente hoy usar Joker), quien hace de antagonista.

Si reducimos el personaje a lo que simboliza, sería caos y anarquía. En palabras del villano interpretado por el difunto Heath Ledger: “Provoca algo de anarquía, altera el orden establecido y el mundo se volverá un caos. Soy un agente del caos”. En la cinta, el orden es el valor fundamental y es aquello por lo cual Batman y la policía luchan, ambos vendrían a ser agentes del orden, defensores del status quo.

El origen del Guasón es un misterio, el personaje nos cuenta distintas versiones a lo largo de la historia. El propósito del payaso es, según nuestro querido Alfred: “Hay hombres que no buscan nada lógico como dinero. No puedes comprarlos, intimidarlos, convencerlos ni negociar con ellos. Hay hombres que sólo quieren ver arder el mundo”.

El mal en la película entonces, no vendría de una matriz que lo produce, vendría de un mero deseo de destrucción. No sería un síntoma de una enfermedad que tratar, sino un error probabilístico individual y fácilmente erradicable, ya que no se ramifica. Si no tiene razón de ser, entonces intentar reconvertirlo sería un ejercicio fútil.

Algo similar sostiene Frank Miller en el cómic The Dark Knight Returns, donde el autor ridiculiza la estrategia de reinserción social para combatir la delincuencia, a través de entrevistas en los que se puede ver un debate en un programa de Tv donde una de las partes sostiene: “Me enferma. Debemos tratar a los socialmente desorientados con métodos de rehabilitación. No, nunca he vivido en la ciudad”.

La última frase busca implicar que quienes defienden esa tesis serían privilegiados que no sufren las consecuencias de la delincuencia. Tanto el cómic de Miller como las películas de Nolan sostienen la tesis que prefiere los procedimientos policiales impactantes con detenciones y allanamientos, lo cual resuelve crímenes puntuales y otorga un sentimiento de seguridad pasajero.

Lo anterior también es llamado “populismo penal”, que implica el aumento de las penas, la reducción de la edad de imputación y la dotación de mayores facultades a la policía. Esto es usado por políticos de todas las tendencias (varía de país en país, en Chile lo hace la derecha, mientras que en Perú lo hace la izquierda) para obtener el apoyo de la población. 

Deteniéndonos ahora en la tercera parte de la trilogía, es imposible no mencionar que esta se estrena un año después de las revueltas anti-stablishment de 2011 (primavera árabe, movilización estudiantil en Chile, Occupy Wall Street en Estados unidos, movimiento 15-M en España, entre otras).

En la historia, Bane enarbola un discurso a las afueras de Black Gate que se asemeja al de cualquier líder de las protestas de 2011, vociferando que: “Le quitaremos Gotham a los corruptos, a los ricos, a los opresores de generaciones que los han mantenido sometidos con promesas de oportunidades y se lo devolveremos a ustedes: el pueblo”, “los poderosos van a caer” y “el botín será repartido”.

Claro, luego del discurso se ve la bomba de tiempo con la que el villano destruirá la ciudad, pero aquello será omitido para despojar de la idea las acciones que la harían indefendible.

Todo creador de historias personifica en sus villanos aquellos valores que cree negativos; en este caso Nolan construye en el personaje de Hardy la aversión hacia una figura muy propia de la época en que se estrenó, donde muchos veían en los líderes insurgentes una bomba de tiempo que solo traería destrucción.

En el discurso, el villano también impugna la “ley Dent”, una ley que erradicó el crimen en la ciudad por ocho años a través de encarcelamientos masivos (esto vuelve a confirmar que esta película sostiene que un sistema penitenciario fuerte y amplias detenciones son el camino para la paz social).

Esta ley se sostiene en una mentira (no fue Batman quien intentó matar a los hijos de Gordon, sino Dent). El Comisionado se excusa: “Hay un motivo. Cuando las leyes no son armas, sino grilletes que dejan que el malo huya, espero que tengas un amigo como el que yo tenía”. Esto vendría a representar a quienes ven en las leyes un mecanismo que permite, en buen chileno, una “puerta giratoria”.

El Batman de Reeves

Pasemos a The Batman, la cual este año llenó las salas y nos deleitó nuevamente con una historia de nuestro querido héroe, de la mano del director estadounidense Matthew Reeves (Cloverfield, Conviction). La película inicia con un debate televisivo entre lo que a todas luces parece un republicano clásico y una demócrata renovada (a lo Alexandria Ocasio).

En el debate, el candidato dice: “En mi administración, la policía de Gotham le ha dado fuertes golpes al crimen organizado y al narcotráfico. El caso Maroni fue la detención más importante en la historia”. Representando el mismo populismo penal mencionado, con la diferencia de que en esta película esa posición es la refutada, mostrándonos la permanencia de la delincuencia.

La película explora la dimensión detectivesca del hombre murciélago, dándole un aura de neo-noir, subgénero caracterizado por la oscuridad y la crítica social. La policía es corrupta y son parte de un sistema roto, el orden pasa de ser el valor fundamental a algo podrido que debe ser cambiado para que exista paz social. El villano: un producto de este orden, el resultado de un sistema fallido y, además, un fanático inspirado por Batman.

De lo anterior se hace cargo la película, de Batman como una figura cuestionable, y es que esta es la historia más crítica con el héroe que la protagoniza. El arco del personaje consiste en pasar de ser un golpeador vengativo a un símbolo de esperanza, dejando de poner el foco en el ataque directo para posicionarlo en la ayuda de las víctimas.

El director comenta sobre el antagonista: “Él se convirtió en el Acertijo porque vio lo que Batman hacía”. En el largometraje se muestra el crimen como un asunto sistémico y no un acto individual antojadizo y erradicable. El villano se construye como un poder violento que ataca por la fuerza al sistema, inspirando a un grupo de seguidores a hacer lo mismo.

Incluso Reeves comentó no concebir al personaje como un completo villano, comentando: “No quería que el personaje fuese un villano. Incluso en sus momentos más oscuros, quería ver su humanidad” y “El Acertijo es un producto de nuestro tiempo”.

El climax consiste en uno de los esbirros del Acertijo diciendo “soy venganza” (la frase del héroe) ante un atónito Bruce Wayne, que cae en cuenta de que su rol no ha beneficiado a la ciudad, si no que fomentado el accionar del malvado y ha escalado la violencia en una ciudad que, como todas, no solucionará el crimen a través de la violencia vengativa, si no de las acciones esperanzadoras

Todo lo anterior, más una Gatubela que llega a tratar a Bruce de “blanco privilegiado”, constituyen una película que sostiene un modelo cultural diametralmente opuesto al construido por Nolan.

Es necesario concluir reiterando que esta extracción de las ideologías de cada filme no constituye una crítica negativa ni positiva, si no un ejercicio para demostrar lo interesante que puede ser tanto la interpretación que cada creativo puede hacer del personaje, como las distintas ideas de mundo que plasman a través de este y sus villanos. Batman es y seguirá siendo, un catalizador de buenas historias.

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