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Entrevista: Claudio Romo y las «artes bastardas»

El ilustrador chileno habla con nosotros sobre aquellas expresiones artísticas postergadas, su rol como comunicador y "lo monstruoso".

Tiempo de lectura: 10 minutos

Escrito por Pablo Castillo el 13/10/2022

El ilustrador chileno Claudio Romo, trabaja en la Universidad de Concepción impartiendo ramos de dibujo narrativo, cómic e ilustración. Es autor de Informe Tunguska, Bestiario Mexicano y Fragmentos de una biblioteca transparente, entre otros. Ha recibido el premio Amster-Coré en México en dos ocasiones. Hoy, conversa con nosotros.

En Informe Tunguska trabajaste con cómic, ciencia ficción y cerámica. Te referiste a ellas como “artes bastardas” ¿qué nos puedes decir sobre este concepto y el libro en cuestión?

Yo trabajo en la Universidad de Concepción y desde que empecé a generar asignaturas de ilustración, cómic y dibujo narrativo lo he hecho solo. No existe en mi escuela una relación con otros profesores que estén haciendo lo mismo.

En esa época trabajaba con un amigo escritor y quisimos hacer uso de tres lenguajes que fueran considerados artes menores: el cómic, la cerámica, que era considerada artesanía, y la ciencia ficción, que es considerada literatura «clase Z» o «mala literatura».

Eso me parece ofensivo, porque puedes hacer una pintura con los mejores óleos, pero también puedes hacer una pintura fantástica usando basura. No importa el medio ni la materia, lo importante es que sea significativo. Un cómic puede generar mucha más significación que una pintura mediocre. 

También en esa época estaba bastante defraudado por ciertas prácticas del arte contemporáneo, el cual encontraba vacío, elitista. Quise trabajar áreas pobres, por así decirlo. Bajo aquel concepto hicimos Informe Tunguska y una exposición gigante junto a mi esposa, que es ceramista.

El arte contemporáneo se ha vuelto «arte para artistas».

Exacto. Me parece obsceno, porque muchos artistas hablan contra la élite económica, pero también eres una élite si hablas en un lenguaje que tres o cuatro personas pueden leer. La parte más importante de la creación artística es cómo tu relato llega a otros y cómo les afecta. Será por mi formación política, pero a mí me importa eso.

Creo que esa frase tonta de «hago arte para mí mismo» es mentira. El arte es comunicación, tienes que comunicar y ser eficiente en eso, generar en el otro una respuesta estética.

¿Qué tan importante es la estética perso­nal cuando uno busca que todos puedan acceder a lo que uno está creando?

Ese es un gran tema. Yo vengo del área del grabado y, quieras o no, es una élite. Pero es un sistema de producción artesanal, menos elitista que la pintura.

Cuando redescubrí el libro ilustrado y el cómic, me di cuenta de que no había que construir una industria para que tu trabajo llegue a otros. Hay que montarse en una industria que ya existe -la industria editorial- y así tu trabajo, con la misma calidad y contenidos, tiene la posibilidad de pasar a ser una obra masiva.

¿Por qué ficción? ¿Por qué dedicarse a ilus­trar seres fuera de la realidad, como en el caso de El álbum de la flora imprudente?

A mí siempre me ha interesado el arte que cuestiona nuestra noción de realidad. Nuestra realidad es una construcción del lenguaje y el arte tiene la capacidad de construir realidad permanentemente. Jugar entre lo real y lo no real me agrada, por eso también me interesa el personaje del monstruo.

Lo monstruoso es aquella manifestación que agrede la realidad como la concebimos, que incluso agrede el lenguaje, porque no tenemos cómo nominarlo, me gusta estar en la línea de lo no nominado. No me interesa la belleza, me interesa la fealdad.

¿Qué otras artes crees que no han recibido la aten­ción que se merecen por su potencial artístico?

La performance se podría trabajar de forma más imaginativa. Yo creo que hay que desarrollar todas las áreas, la jerarquización de las prácticas artísticas es un pensamiento del s. XIX.

Ese desprecio es un fenómeno histórico, cuando aparece un género trans­gresor, se suele usar la frase «eso no es verdadero arte».

Por nuestra naturaleza rechazamos lo que nos es ajeno. El tema es que no hay un «verdadero» nada, todo es construcción permanente. Recuerdo a un profesor en México que me contaba que en los 60, cuando Jodorowsky presentó Fando y Lis en el festival de cine de Acapulco, Emilio Fernández —un director mexicano aclamado— lo amenazó de muerte.

Jodorowsky se fue cascando a Francia. Emilio Fernández lo acusó de haber matado al cine mexicano. No existe el cine mexicano, no existe el cine chileno, ni el norteamericano, si nosotros decimos «esto es tal cosa y tal cosa es así» lo convertimos en un cadáver cultural.

¿Cuál es el rol del artista ante tal paradigma?

Crear nuevos paradigmas, concebir nuevas formas de cine, de grabado, de danza, de teatro, de todo.

Tus libros suelen ser ilustraciones acompañadas de texto ¿por qué ese gusto de acompañar con texto tu arte?

Mi tesis de maestría en México lo hice sobre poder generar un libro de anatomía ficticia, eventualmente me di cuenta de que estaba escribiendo sobre las láminas de metal. Noté que el dibujo es un código que se abre y yo usaba textos para cerrarlos. Se generaba un trabajo de combinación, la imagen abierta y el texto cerrado.

La relación entre ambos plantea un contrapunto donde se unen y se lanzan sus propias líneas de significación. Se genera un correlato y eso me parece muy rico. Se produce una sumatoria muy virtuosa.

Lo que a mí me produce tu arte es una sensación de “terror intere­sante”, similar al morbo. ¿Qué buscas generar con tu arte?

Justamente aquello, en el dibujo tú puedes jugar con la verosimilitud, ya que esta siempre llama a generar totalidades cuando tú solo muestras un segmento, es decir, yo muestro una fase de algo, pero lo hago de tal forma que quien lo ve, quiere seguir viéndolo.

¿Cuál es tu relación con el catolicismo? ¿De qué forma influyó en tu trabajo?

Tengo una influencia muy fuerte de la estética católica. Recuerdo que en mi casa había una Biblia con unas ilustraciones preciosas y me gustaba mucho mirarla. Creo que le debo mucho a la estética católica, esa estética dura, de cuerpos martirizados. Con el tiempo pude viajar y conocer el barroco mexicano e italiano, ver pintura tenebrista.

¿Algunos artistas que quieras recomendar?

Un artista norteamericano que descubrí hace un tiempo, se llama Jim Woodring y tiene un personaje llamado Frank. Su trabajo no tiene palabras, es como un viaje en acido, muy interesante. Por cierto, justo antes de que me entrevistaras estuve leyendo que el ministro de cultura ruso dijo que el cómic era para niños idiotas.

Yo reflexionaba sobre eso, llegué a que los fenómenos que hacen a la narrativa gráfica tan despreciada son dos, la primera es la ignorancia, pensar que la narrativa gráfica es solo el cómic de superhéroes, es terrible que un ministro de cultura sea tan ignorante.

El otro fenómeno es confundir envase con contenido. Un teórico hablaba de que la narrativa gráfica es un vaso, y un vaso se le puede echar agua, vino o jugo. El cómic ha sido juzgado en base a que históricamente su contenido ha sido entretenimiento, por estar vinculado a los superhéroes. El cómic puede ser autobiografía, relato identitario, historia, ficción, todo.

Incluso en el cómic de super héroes hay historias interesantes, pero pareciera que aun estuviera reducido al estigma del cómic sesentero, que era propagando política

Yo he leído literatura entre comillas seria y no le llega ni a los talones a Watchmen. También lo que hizo el autor Joe Sacco, un cronista que trabaja mostrando situaciones de inmigración y el genocidio de Israel, él muestra la historia del siglo 20 en cómic, ¿quién lo conoce? Seguramente el ministro de cultura ruso no.

Tampoco debió leer Maus

¡Seguramente!, ¿Cómo cuentas el horror más grande de la historia moderna, el horror de los horrores, lo inclasificable, lo indecible, lo realmente monstruoso, el apocalipsis en la tierra? Art Spiegelman en Maus lo hace a través de dibujos, en una fábula, y es tan profundo ese relato. 

Extracto de la novela gráfica Maus.

Y a través de dibujos muy simples 

Eso siempre se lo digo a mis alumnos, en la novela gráfica, a diferencia del cómic de entretenimiento, el dibujo se vuelve menos florido, más simple, justamente porque el dibujo esta al servicio del relato, el dibujo empieza a simplificarse porque lo que más importa es lo que el dibujo relata, por eso el dibujo es más sobrio.

Para ir cerrando, cuéntanos en qué estás trabajando actualmente.

Ahora estoy trabajando mi sexto libro para Italia. Es un libro que desarrollé en torno a mundos subterráneos. Tomé fuentes como Lovecraft, concepciones ocultistas e ideas como que la tierra tiene otra tierra adentro. No los desarrollo porque no soy escritor, pero los muestro de forma ilustrada a través de un viajero que va al centro de la tierra.

También estoy desarrollando un taller de risografía en la Universidad que sumó a chicos que dibujan muy bien. Estamos tomando sus trabajos y queremos producir pequeñas ediciones. Eso me tiene súper estimulado y espero generar un polo de narrativa gráfica aquí en Conce.

Claudio Romo

Esta entrevista fue realizada el año 2019*

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