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Revisando clásicos: Drácula de Bram Stoker

Mucho se ha hablado del famoso vampiro, pero con tantas adaptaciones, ¿vale la pena leer la novela original de Drácula? Sí, y aquí te van las razones.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Escrito por Pía Marian el 25/02/2020
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Hace poco, un compañero habló acerca de la serie Drácula, destacando la poca similitud que tenía con el libro, algo que también podemos notar en la reseña que hizo sobre un cómic que también adaptaba esta novela, comentario que probablemente habrás escuchado muchas veces. Y con razón: Porque no existe una adaptación realmente pura del libro de Bram Stoker.

La razón de esto es muy sencilla: El estilo de la obra hace que cada personaje tenga tan poca personalidad que deben ser reestructurados para poder funcionar por sí mismos. Esto quizás te cause algunas dudas, porque, si los personajes son tan débiles y, mirando hacia atrás, Stoker de muchas otras novelas de vampiros que seguían la misma línea, ¿por qué esta es la que sigue adaptándose mientras otras quedaron en el olvido? Hablemos menos de la trama que conocemos todos y más de lo que hace realmente interesante a esta novela.

Una de las más importantes es la estructura, pues se encuentra dividida en los diarios de diversos personajes, empezando por el de Jonathan cuando llega al castillo de Drácula, donde se nos relata sus aventuras en vampirolandia; las cartas de Mina a su amiga Lucy y posteriormente su diario que nos relata la transformación de Lucy en vampira; el diario de navegación hecho por el capitán del Démeter, contándonos acerca del hombre alto y delgado que llevó a toda su tripulación a la locura; entre otros.

Esta estructura era algo bastante revolucionaria para la época, e incluso hoy en día sigue siendo bastante efectiva, porque cada vez que terminamos un diario, difícilmente sabemos qué ocurre con su autor en un buen rato de novela, obligándonos a unir los pequeños hilos de información que están esparcidos entre los diarios y las cartas.

Esto genera una sensación de inquietud constante en el lector, puesto que, a pesar de que Drácula como personaje apenas aparece, nunca nos deja olvidar su existencia. Ahora, si hubiera que señalar un problema en la novela, es precisamente que este ritmo da un salto demasiado brusco: Ninguno de ellos tiene idea de qué está pasando hasta que Mina y el doctor Van Helsing se reúnen para atar cabos, resolviendo en menos de diez páginas todo lo que el lector lleva gritándole al texto durante todo este tiempo.

Otra cosa importante, es la manera en la que está usando el mito del vampiro en esta obra, como ya se dijo al principio, en efecto Stoker tomó elementos de muchas novelas anteriores, como Carmilla de Sheridan Le Fanu o textos como El tratado de los vampiros, pero a diferencia de estas obras, por fin hay una caracterización más sólida del monstruo, con habilidades y debilidades definidas: Si comparamos al vampiro Drácula, que puede montar rayos de luna o una rosa puesta sobre su ataúd le impide salir; con la vampiresa Carmilla que solo se alimenta de sangre y puede transformarse en una pantera; el primero se siente mucho más como una criatura mitológica a la que deberíamos temerle.

Y si tuviera que dar una razón por la que se debe volver a dar una lectura de este libro es precisamente, esa: Si quieres una guía completa acerca de los vampiros en la ficción, combinado con un estilo literario inquietante que se sigue usando hoy en día; Drácula es tu obra, porque logra mezclar estas dos cosas: el redescubrimiento de temas antiguos con una forma de escritura novedosa, haciendo que su lectura sea mucho más sencilla de lo que cabría esperar en un texto de esta antigüedad. Si aún no sabes por qué tiene su trono, creo que ya es momento de que descubras el por qué se lo ha ganado.

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Sobre Pía Marian

Creo que desde siempre he sentido fascinación por las historias, sin importar el empaque en que vengan. Y por eso me encanta hablar sobre ellas. Editora freelancer, escritora amateur y miembro del staff de Comiqueros.

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